Cazadores de carbono: el nuevo negocio del agro

Las grandes empresas del sector comenzaron a desarrollar proyectos de captura de carbono. A través de este nuevo nicho de negocios intentan sumar a la mayor cantidad de productores en el camino de la producción sustentable que hoy se convirtió en una nueva barrera de acceso a los mercados globales.
22 de agosto 2022 · 07:00hs

¿Es posible que la actividad agropecuaria pueda contribuir a mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero cuando también es generadora de la huella de carbono en el planeta? Esa es la gran pregunta que hace años se vienen haciendo los especialistas del sector frente a una sociedad que se debate entre la necesidad de producir cada vez más alimentos y al mismo tiempo, cuidar “la casa común” que es la Tierra frente al vertiginoso cambio climático.

Y la respuesta es un sí, pero con condicionantes, que pasan por dar un viraje en la forma producir.

Se trata esencialmente de encarar nuevas prácticas agronómicas que permitan secuestrar el carbono en el suelo y evitar su pérdida en el ambiente, pero también realizar procesos de fertilización más asertivos y maximizar la utilización de insumos biológicos y de última generación.

Esa agenda fue la que atravesó las disertaciones del 30º Congreso de Aapresid, que destinó una de sus jornadas a analizar el rol del agro en la mitigación del cambio climático, donde disertaron especialistas nacionales e internacionales y referentes de empresas del sector que trabajan en este sentido.

Los grandes jugadores del negocio agropecuario, empresas multinacionales tradicionalmente abocadas a la provisión de insumos o traders granarios, comenzaron a desarrollar proyectos de captura de carbono, en muchos casos en conjunto con entidades públicas, privadas y la academia.

A través de este nuevo nicho de negocios intentan sumar a la mayor cantidad de productores en el camino de la producción sustentable que hoy se convirtió en una nueva barrera de acceso a los mercados globales. Esto incluye la adopción de cultivos de cobertura, fertilizaciones adecuadas, monitoreo y mapeo de suelos y utilización de bioinsumos. Un recorrido que en el mediano plazo no sólo se monetizará vía beneficios o primas obtenidos por esta forma de producir, sino además a través del mercado financiero mediante la comercialización de los bonos de carbono.

Estos programas comenzaron a tomar forma desde el Acuerdo de París en 2015 donde se comenzaron a impulsar políticas más firmes para ponerle precio al carbono, es decir imponer mayores cargas económicas a las prácticas contaminantes.

“Buscamos generar con este programa una conexión entre el productor y su manejo sostenible”, dijo Justina Gual de la compañía Corteva, que firmó una alianza estratégica con Carbon Group, un programa pionero en el mundo creado a partir del Acuerdo de París para “tratar de mostrar que la producción en el campo es parte de la solución al cambio climático”, agregó Martín Fraguío, integrante de esa entidad.

El sector agropecuario “es responsable en parte de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) pero también es una industria que tiene una gran oportunidad de capturar carbono en el suelo, que hoy es un gran aliado para el productor argentino y desde donde empezamos a revertir ese proceso que iniciamos hace tanto tiempo”, resumió Beltran Benedict de la compañía Bayer.

Esa multinacional encaró el proyecto Pro Carbono que incentiva el trabajo en sistemas agronómicos integrados. Hace ocho años empezó con ensayos en franjas en 55 lotes donde se combinaban cultivos y rotaciones con el objetivo de emular “un sistema lo más parecido al ecosistema nativo”, dijo Benedict, con la intención de capturar CO2 todo el año. En rigor, se trata de la combinación de “tecnología de insumos y de procesos”, que incluye captura de gases de efecto invernadero, pero además generación de mayores raíces que le dan salud al suelo, más producción de biomasa, todo lo cual redunda en un sistema “más resiliente y más estable frente a los cambios climáticos”, agregó. A lo largo de estos años obtuvieron resultados sorprendentes”, dijo y relató que lograron en algunas regiones capturar 2 toneladas de carbono por hectárea por año en los últimos tiempos.

Desde Corteva realizaron alianzas con productores comprometidos con prácticas sustentables y socios estratégicos para desarrollar estas estrategias. “Decidimos generar conexiones para que el productor pueda medir el balance de carbono y poder entrar en los mecanismos de compensación de toda la cadena de valor”, agregó Gual y planteó que “hoy la industria premia al productor que hace las cosas bien”.

Pero, además, el programa apunta a que los productores que se sumen puedan ser de “los primeros en generar bonos de carbono y comercializarlos en el mercado internacional”, agregó. Desde la compañía trabajan en ese camino con dos certificadoras internacionales _Verra y Gold Standard_ para avanzar en el mercado financiero de bonos de carbono.

La participación de las grandes compañías en este negocio muestra que es una tendencia que se consolidará en el mediano plazo y para la cual comienzan a preparar el terreno, que en este caso es sumar productores a una nueva forma de producir. “Trabajar desde ahora nos va a dejar preparados para cuando todo esto empiece a ser más colaborativo”, dijo Gual.

También planteó que los beneficios no son sólo llegar a certificar y comercializar bonos de carbono, sino también otros intermedios como obtener “financiamiento verde” para los productores, para lo cual la compañía está trabajando en convenios con entidades financieras, aseguradoras y bancos “para darle beneficios económicos y financieros al productor que quiera empezar a hacer cosas distintas y entrar en soluciones sostenibles”, agregó.

La intención de las grandes compañías es sumar al productor argentino, uno de los más profesionalizados del mundo, a esta tendencia que se presenta como un proceso y no como una receta cerrada. Benedict (Bayer) lo explicó claramente: “El programa Procarbono va más allá de la captura de carbono”, dijo. “Primero nos orientamos al aumento de prácticas sustentables que llevan a lograr un incremento productivo, de la salud del suelo, menores emisiones de carbono y mayor rentabilidad, de manera de lograr así tener menos riesgos ante condiciones adversas”.

Pero, además, “no nos quedamos con esas prácticas, sino que participamos con un grupo de personas en generar conocimiento, después una red de alianzas con empresas certificadoras o agtech, con otras para la provisión de insumos que le garanticen al productor el acceso de insumos acorde a estas prácticas sustentables, para finamente llegar en el mediano y largo plazo un sistema de acceso al mercado de carbono”, describió.

“No podemos darnos el lujo de que nuestros suelos no secuestren carbono, que nuestra agricultura no sea de bajas emisiones”, dijo Fraguío quien indicó que desde 2022 en la Cámara Internacional de Comercio (ICC) están trabajando en el diseño del mercado global de bonos de carbono que reúne 64 iniciativas en marcha, para ayudar a diferentes emprendimientos porque “la solución del cambio climático lo van a traer el sector privado, los productores, las empresas ayudando a sus cadenas de valor”, indicó. Y planteó que para eso se requiere urgente una normativa en este sentido. Ese mercado permitirá traccionar hacia arriba los valores de los bonos en el mercado voluntario en un mundo que “tiene una gran convicción sobre esto”, dijo.

“El desafío de países en desarrollo como la Argentina es no quedar fuera de esto porque implicará a futuro grandes inversiones y oportunidades”, agregó Fraguío.

Todos en la huella

Ese objetivo de máxima requiere pasos previos. En este escenario las compañías que tradicionalmente eran proveedoras de insumos y biotecnología al productor, ahora buscan convertirse en socios de un nuevo proceso productivo, aportando tecnología, pero también capacitación en manejo y buenas prácticas para reducir la huella de carbono y finalmente lograr monetizarlo en el mediano plazo.

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Por el suelo. Las prácticas para cuidar el recurso profundizan la captura de carbono.

Por el suelo. Las prácticas para cuidar el recurso profundizan la captura de carbono.

“En el agro nuestro principal objetivo es reducir un 30% las emisiones de CO2 por tonelada de cultivo producido”, dijo Gonzalo Caldiz de Basf, compañía que apuesta a la “digitalización en los sistemas productivos” como una forma de sumar sustentabilidad. “Queremos llegar a unos 400 millones de hectáreas con tecnología digital”.

Desde esa compañía fueron pioneros en el desarrollo de un inhibidor de la molécula ureasa, una tecnología que apunta a reducir la huella mediante la optimización de la fertilización nitrogenada, donde hay muchas pérdidas por volatilización, que según dijeron están cercanas al 50% de lo que se aplica de nitrógeno en los campos, con el correlato de un fuerte impacto ambiental.

“El productor pierde económicamente y hay también un impacto ambiental, con lo cual muchos dirán que es mejor no fertilizar. Y la respuesta es no, porque si no lo hacemos la producción agrícola mundial se reduciría un 50% en un mundo con creciente demanda de alimentos”, reflexionó Caldiz.

“Todos los esquema agrícolas tienen algún grado de emisión, lo que debemos lograr es ser más eficientes emitiendo menos CO2 por kilo de grano o matera verde producida”, dijo quien planteó que el productor se enfrenta a un “panorama muy complejo” caracterizado por la necesidad de reducir el costo de insumos, aumentar el rendimiento, en el marco de un mercado mundial “con marcos regulatorios más complejos con limitantes para comercializar productos que no provengan de una agricultura sustentable”.

Ese dilema entre los beneficios y las desventajas de fertilizar para el cambio climático es el que plantaron los especialistas en el panel de Aapresid. “Si aplicamos muy poco fertilizante vamos a estar atentando contra la seguridad alimentaria, pero si aplicamos mucho nitrogenado vamos estar atentando contra los limites planetarios, contaminando napas y aire”, planteó Josefina Omaña de la empresa Yara. Frente a esto, “el gran desafío es una fertilización óptima que nos permita cumplir con los objetivos de desarrollo sostenible, y eso está relacionado con el uso del nitrógeno”, agregó.

La compañía lanzó en ese sentido el programa Juntos por un Plus, un modelo de negocios basado en resultados medidos de sustentabilidad utilizando productos con menor impacto ambiental y fertilizantes verdes.

“En la localidad de Salto observamos que aplicando tecnología y herramientas que están a disposición podemos bajar un 9% la cantidad de nitrógeno que aplicamos al campo aumentando 22% la eficiencia de su uso, logrando más rendimientos, con resultado económico positivo y reduciendo un 37% la huella de carbono”, detalló la especialista, quien indicó que la clave es una “nutrición balanceada y una fertilización por ambientes”.

“El uso del nitrógeno es como una canilla, hay que abrirla más o menos para asegurar en forma equilibrada la nutrición y la seguridad alimentaria”, agregó.

En ese sentido, la empresa está por lanzar en 2023 una línea de fertilizantes en base a hidrógeno verde cuyo primer testeo será con un productor argentino. El concepto es cambiar la matriz energética en el proceso productivo del insumo, reduciendo un 90% las emisiones, lo que le suma puntos en el balance en el ciclo de toda la cadena.

Negocios verdes

Un gigante del negocio agropecuario como Cargill, que está en la mitad de la cadena ya que opera como trader pero también como proveedor de insumos, también se posiciona en el mercado que se abre a partir de las prácticas sustentables. La empresa tiene en Estados Unidos su programa de agricultura regenerativa (Cargill RegenConnect) que le ofrece a los productores que se quieran sumar la posibilidad de acceder al mercado del carbono. Para el ciclo 2022-23 amplió la participación a 15 estados.

La compañía les ofrecerá contratos de un año a productores para secuestrar carbono mediante la implementación de prácticas de agricultura regenerativa como cultivos de cobertura, labranza cero garantizándoles un precio de u$s 25 por tonelada métrica de carbono secuestrado por acre.

“Nuestro objetivo es reducir los gases efecto invernadero en nuestras operaciones corporativas un 10% en 2025 y en nuestras cadenas de valor en 30% por tonelada de producto vendido para 2030”, indicó Julián Ferrer, representante de la multinacional, que entre otras cosas en asociación con una compañía de tecnología está probando el uso de velas para los buques con la idea de reducir emisiones en la cadena logística y de transporte.

Sin embargo, todos reconocen que el proceso recién arranca. “La primera pregunta que nos hacen es cuánto van a cobrar por el bono de carbono”, dijo Guillermo Delgado de negocios sustentables de Syngenta, empresa que firmó junto a Aapresid el programa CarboNet, a través del cual financiará la investigación para identificar y cuantificar el carbono en los suelos argentinos y hacer un mapa que permita identificar “la brecha entre lo que hay y lo que podemos captar”, agregó el ejecutivo. Esa información pretenden tenerla lista a fin de año.

“Este es un proceso largo en el que el productor primero tiene que mostrar lo bien que trabaja y luego hay que medir eso porque difícilmente se podrá vender un bono si eso no está”, dijo el representante de la empresa que busca “acompañar al productor en todo ese proceso” que va desde la adopción de prácticas sustentables para lograr mitigar la huella hasta conseguir mercados para los futuros bonos.

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