Agroclave

Arteaga: una experiencia exitosa de transición y producción sustentable

Sebastián Borroni es productor de Arteaga y junto un grupo de colegas de la zona decidieron encarar una primera experiencia de producción hacia la transición agroecológica en la zona como una respuesta a las tensiones sociales que vienen generando en las localidades pequeñas las fumigaciones y el uso de agroquímicos muy cerca de áreas urbanas.

Sábado 19 de Octubre de 2019

Sebastián Borroni es productor de Arteaga y junto un grupo de colegas de la zona decidieron encarar una primera experiencia de producción hacia la transición agroecológica en la zona como una respuesta a las tensiones sociales que vienen generando en las localidades pequeñas las fumigaciones y el uso de agroquímicos muy cerca de áreas urbanas.

Conformaron un grupo llamado "Manos a la tierra", que surgió para darle impulso a una ordenanza que prohiba la utilización de agroquímicos en campos pegados al pueblo. Luego fueron ampliando sus objetivos. "Nos pareció importante potenciar una alternativa productiva sin agroquímicos", dijo y contó que actualmente están asesorando a otros productores para producir de esta manera. "Con la prohibición no alcanza si luego no se instruye o se brindan alternativas, porque el productor hace 30 años que viene trabajando con un modelo", agregó.

La experiencia también abrevó de un programa provincial de apoyo a la producción de alimentos en periurbanos. También fueron asesorados por especialistas como Eduardo Cerdá, reconocido referente en la producción agroecológica. "Empezamos en un lote de 20 hectáreas realizando mediante el método de transición agroecológica un trigo asociado con trébol rojo que se cosechó muy bien", dijo Borroni. Los rindes fueron "más que aceptables", ya que se lograron rendimientos cercanos a la media en la zona, pero además "lo interesante fue el proceso de valor agregado al transformarlo en harina y generando trabajo en la región", dijo. Este producto final llegó a los consumidores de Arteaga "al mismo precio que los productos comerciales", agregó.

El proceso de industrialización se realizó con la cooperativa de Armstrong (Fecofe) perteneciente a Federación Agraria y se logró realizar una molienda diferenciada. "Luego con el grupo Manos a la Tierra compramos parte de la harina, la fraccionamos y la vendimos en Artega", dijo.

El círculo cerró en forma beneficiosa para todos los eslabones. "El productor hizo su negocio porque dentro por este convenio recibió un 20 por ciento de sobreprecio por trigo agroecológico; el molino hizo su negocio generando empleo para la gente de Armstrong y nosotros como grupo que compramos la harina y le agregamos valor. El pueblo consumió un alimento saludable al mismo precio que uno tradicional", dijo.

PRESENTE Y FUTURO. Este año hicieron por segundo año consecutivo un cultivo de trigo con trébol rojo. Con eso, una vez cosechado el trigo se realizan rollos para animales y se pueden vender o lo puede consumir el ganado para transformarlo en carne. También se puede rolar el trébol, cortarlo e incorporarlo a la tierra como un fertilizante biológico.

Con esa experiencia, Borroni señaló que "en este verano vamos a sembrar semillas asociadas, que pueden ser soja, maíz, sorgo para rolarlas e incorporarlas al suelo, pensando a mediano plazo, en un fertilizante natural". Y llegado el invierno "veremos si hacemos nuevamente un cultivo de invierno o cultivos de cobertura que pueden ser vicia o centeno para pensar en el verano 2020 y en un cultivo de verano", agregó.

La aplicación de la técnica en el verano es más compleja. "Empezamos con cultivos de invierno por una cuestión climática ya que por el frío hay menos malezas e insectos. El desafío es poder hacer uno de verano, lograr alguna soja agroecológica", agregó, que se puede comercializar como grano con un sobreprecio por calidad o bien como harina.

La experiencia que lograron en Arteaga con el trigo agroecológico fue sorprendente. "La rentabilidad vino por la reducción de costos", dijo Borroni y explicó que el cereal se produjo en un año de mucha sequía y la media de producción tradicional estuvo en 25 quintales (qq/ha) e incluso menos con todo un paquete de fertilizantes químicos. "Nosotros pusimos las semilla, sin fertilizantes y nos rindió 27,5 qq/ha, un poquito por encima de la media, pero con un costo de 5 qq/ha contra los 20 qq/ha que se requirió para la forma tradicional", dijo. De este modo, "lo que miramos no es tanto el rinde máximo sino la rentabilidad. Si tuvimos 5qq/ha de costo y nos rindió 27,5 qq/ha, tuvimos 22,5 qq/ha de rentabilidad, cuando en la producción tradicional para llegar a ese margen el cereal debería rendir 43 qq/ha", indicó.

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