Desafíos para las exportaciones de trigo

Frente a un escenario con pocos jugadores, desde la entidad se plantean cómo Argentina puede agregar valor a este cereal.
20 de julio 2019 · 00:00hs

La exportación de harina de trigo representa un gran desafío para Argentina. En el mundo son pocos los principales exportadores que envían el trigo procesado, y lo hacen mayormente bajo régimen de subsidios. El principal escollo es la distancia geográfica, advierte el analista de investigaciones económicas de la Bolsa de Comercio de Rosario, Federico Di Yenno, en su informe "¿Puede Argentina agregar valor a sus exportaciones de la cadena triguera?".

Los factores políticos a nivel internacional, aunque no parezca, son un factor de suma importancia en la orientación de los flujos del mercado de harina, estas fueron las palabras con las que abrió su discurso el presidente de la European Flour Millers, Bernard Valluis en el congreso de Trigar 2019. La European Flour Millers es una federación de todas las organizaciones nacionales de la Unión Europea que nuclea más de 1.800 pequeñas y medianas empresas de los 28 países que lo conforman.

A nivel mundial, el grano de trigo se comercializa mucho más que la harina de trigo. La harina tiende a enfrentar políticas comerciales más restrictivas, y su vida útil más corta plantea desafíos logísticos y de transporte para los importadores. Según Valluis, "las importaciones de harina de trigo se focalizan sobre tres regiones: Asia es la primer zona de importación, seguida de medio Oriente y Africa", reseña Di Yenno.

Lo interesante del mercado internacional de la harina de trigo, es que el 52 por ciento de las importaciones de este producto se concentran en un área geográfica reducida, de la que Argentina se encuentra muy lejos. En esta zona, los principales países importadores son Afganistán, Iraq, Uzbekistán, Sudán, Siria, Yemén y Somalía. Todos estos países tienen características similares: no tienen una producción sustancial de trigo y, además, no poseen una industria moliera que permita al país importar granos y abastecer internamente a la población de harina de trigo. En la mayoría de los casos, las guerras civiles y conflictos bélicos que han tenido estos países, han destruido la industria molinera local y por diferentes razones no han podido recuperarse. También sobre esta región se observa un alto consumo per cápita de trigo. En los países del mundo árabe el consumo de trigo (en grano equivalente) por habitante puede sobrepasar los 200 kg por año, debido a la fuerte utilización del trigo en la elaboración de panes y semolinas.

"La oferta se concentra en unos pocos exportadores que se encuentran muy cerca de los principales compradores de harina de trigo", apunto el analista de la Bolsa.

Según datos del Consejo Internacional de Cereales (IGC, por sus siglas en inglés), el principal exportador de harina de trigo es Turquía que exportó 3,4 millones de toneladas (Mt) de harina de trigo en la campaña 17/18. El segundo mayor exportador fue Kazajistán con 2,2 Mt exportadas y tercero se ubicó la Argentina con 675 mil toneladas. Le sigue muy de cerca a Argentina, la Unión Europea (559 mil t) Pakistán (538 mil t), Ucrania (403 mil t) e Irán (333 mil t).

"Es interesante ver como todos estos países se nuclean alrededor de los principales compradores. Por lejanía e inclusión en el Mercosur, Argentina mantiene casi el 98 por ciento de sus envíos hacia América del Sur y, más precisamente, Bolivia y Brasil, siendo una región alejada de los demás centros de compras. En el mundo son pocos los principales exportadores que envían el trigo procesado, y lo hacen mayormente bajo régimen de subsidios", puntualizó.

En su conferencia en Trigar 2019, Valluis destacó que el principal exportador del mundo, Turquía, no sólo se resulta beneficiado por su ubicación geográfica sino también por "el régimen de perfeccionamiento activo", que es el proceso aduanero que permite importar sin aranceles y que permite importar trigo libre de arancel y exportar la harina resultante de su industrialización, a la cual además se le otorgan subsidios incluso aunque se obtenga a partir de una mezcla con trigo nacional. Esto le da una ventaja muy importante

Kazajistán, el segundo mayor exportador de trigo se beneficia por su cercanía a Uzbekistán y Afganistán. En los últimos años ha cerrado acuerdos para bajar los aranceles a la importación de harina de Afganistán y ha permitido bajar la tarifa de transporte de ferrocarril de este producto hacia dichos países. Por debajo de la Unión Europea y Argentina en el ranking de exportación, Pakistán lleva a cabo una fuerte intervención en el mercado de trigo doméstico. Gran parte de las exportaciones de harina que van a parar a Afganistán gozan de algún tipo de subsidio.

Entre los potenciales competidores se encuentra Ucrania, un país que se encuentra apenas por detrás de Argentina en el ranking exportador. Lo mismo sucede con Rusia, que a pesar de ser el líder mundial en exportación de trigo tiene un papel limitado en la exportación de harina. Rusia tiene un plan para subsidiar la producción de harina de trigo en hasta 1 millón de toneladas mientras que recientemente ha cerrado un acuerdo con Irán e Irak que puede hacer que aumenten los envíos del subproducto hacia esa zona. Los acuerdos comerciales juegan un papel preponderante en el comercio de harina de trigo.

Los países que exportan harina de trigo en el mundo suelen tener, en primer lugar, una ventaja comparativa por el hecho de tener producción local de trigo lo que le permite disponibilidad y ahorro de costos en la obtención del insumo. Esta producción local ha permitido un desarrollo de una industria molinera eficiente y con capacidad en exceso que ha permitido exportar hacia otros países. Al mismo tiempo, la exportación de harina en grandes volúmenes necesita una muy buena organización logística y una especialización en particular.

Del otro lado del mostrador, los países consumidores también generan fuertes incentivos para la promoción de una industria molinera local. Por ejemplo, Kazajistán incrementó sus exportaciones de trigo en grano en desmedro de las exportaciones de harina debido al incremento de la capacidad productiva de Tayikistán y Uzbekistán. Lo mismo ocurre con los países del Norte de Africa, que consumen altas cantidades de trigo para abastecer la demanda doméstica a la vez que mantienen férreos controles a la importación de trigo organizando el comercio a través de compradores estatales.

Visto desde nuestro país, los desafíos para incrementar las exportaciones de harina de trigo y productos con mayor valor agregado son cada vez más grandes. Tanto los países competidores como consumidores llevan a cabo políticas estatales que impulsan la exportación o protegen sus mercados internos. Todas estas medidas se refuerzan aún más si se agregan los controles fitosanitarios que debe superar la harina de trigo de Argentina y los desafíos logísticos que plantea la exportación cuando conlleva mucho tiempo en arribar a destino (sin que la mercadería sufra pérdidas de calidad por las condiciones climáticas).

Lo que se aprende de la historia, es que los esfuerzos de inserción exportadora en el mundo llevan tiempo.

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