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Campo extremo: el agro en el cambio climático

El aumento de la intensidad y variabilidad de los fenómenos ambientales empuja modificaciones en los planteos productivos

Domingo 06 de Marzo de 2022

El sector agropecuario está cada vez más atento a los vaivenes del clima. El cambio climático modificó ciertas tendencias habituales y aunque el clima siempre se consideró una de las variables importantes dentro de los planteos agropecuarios, hoy toma una relevancia mayor y demanda una atención constante.

La crisis climática eleva la incertidumbre en el sistema de producción y la variación permanente se transformó en un elemento a analizar que requiere la mirada atenta de los profesionales. En años secos, como el de esta campaña, el productor y el asesor tienen que estar más atentos porque cualquier error de planificación es pérdida de rendimiento. La variable clima es fundamental en la toma de decisiones.

Como para muestra sobra un botón, este año el clima está impactando fuertemente en la campaña de granos gruesos en Argentina. El estrés hídrico de verano hizo caer la proyección de cosecha de soja y maíz 9 y 8 millones de toneladas, respectivamente, detalló un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR). Incluso con la recuperación de los precios, la pérdida de ingresos netos del sector productor ya asciende a u$s 2.930 millones, lo que redundará en menos fletes, menos servicios financieros y de intermediación, y menos consumo. En total, el impacto sobre la economía argentina se estima en u$s 4.800 millones, o un 1% de su PBI potencial, resalta la entidad rosarina.

En el frente externo, se estima que las exportaciones de los principales productos de los complejos soja y maíz caerán en 13 millones de toneladas. Si se valorizan las exportaciones netas del sector a los precios actuales, la BCR relevó que dejarán de ingresar al país US$ 2.665 millones, una caída del 10% respecto al total estimado al cierre del año pasado. El peso del impacto del clima en esta campaña es muy claro.

La ingeniera agrónoma María José Dickie, de la Agencia de Extensión Rural (AER) del INTA Cañada de Gómez, se especializó en el área de climatología agrícola y cambio climático y sigue muy de cerca todo lo que ocurre en la región. La investigadora contó que desde hace dos años vienen detectando un aumento de la temperatura media en la zona de influencia de su área de análisis. “Esto nos da un indicio de que algo raro tenemos y hay que prestarle atención. Cuando se combina como ahora Niña, altas temperaturas y sequía es un combo explosivo. Los daños se están haciendo no sólo en el cultivo, también en animales, pasturas, abejas y en la salud de la población, así como en consumo energético”, resaltó.

Dickie recomienda prestar atención a los pronósticos, que si bien son a grandes escalas tienen un alto grado de acierto, y específicamente dijo que brindan mejor información los pronósticos a dos o tres días, más no. “Los que son a 15 días se renuevan semanalmente, es para darnos una idea de lo que va a pasar. Después están las tendencias climáticas a otra escala, es de mayor superficie y general, y es para ves si es año Niña o Niño”, relató en Agrovisión Profesional, el medio de comunicación institucional del Colegio de Ingenieros Agrónomos de Santa Fe, y aclaró que la tendencia Niña, que hoy está por estas latitudes, aquí es sequía pero en otras regiones es exceso hídrico y va en el período de octubre a abril.

La docente en la facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) en la cátedra de climatología agrícola compartió los sitios para tener en cuenta y monitorear cómo viene el clima: http://climayagua.inta.gob.ar/pronosticos y http://siga.inta.gob.ar/#/forecast.

Para entender la particular situación que atraviesa esta campaña hay que remontarse al 2020. En el área de influencia del Inta de Cañada de Gómez llovió un 25% menos que lo habitual, señaló Dickie. Si el promedio es 1.000 milímetros, en 2020 se ubicó en 750/700 y en el mejor de los casos 800. En 2021 se levantó un poquito el techo, llegó a 800/850 milímetros, pero la faltante se notó. “Los suelos están pobres, degradados. Cuando venís con suelos con mejor materia orgánica, estructurados, con una planificación, con suelos buenos el cultivo tiene otro comportamiento, puede retener agua y tiene otra capacidad de respuesta”, señaló.

Es por eso que frente a una situación climática que tiende a repetirse y transformarse en una constante, hay que pararse de otra forma al encarar cada campaña agrícola. “Hay que evaluar de otra forma, sirve la planificación de la campaña. Saber cómo va a ser el año, porque si va haber pocas precipitaciones o muchas vas a tener un manejo de cultivo diferente, saber qué ambientes tenés y qué podes poner”, puntualizó.

En caso de maíz, por ejemplo, hay productores que diversifican fechas de siembra de septiembre a octubre y de diciembre. La deficiencia hídrica de este año cayó en pleno período crítico de los maíces sembrados en octubre, los afectó notablemente, pero los sembrados más tardíos en diciembre ya sortearon esa ventana. “Los productores, ingenieros agrónomos, asesores van viendo cómo viene la campaña y sirve para definir también fertilizaciones. Si en los próximos días no llueve no voy hacer ese tratamiento, pero sí sé que en los próximos días va a llover sí. Con el peso que tienen todos los insumos hoy hay que tratar de controlar todas las variables”, destacó.

La investigadora del Inta remarcó que “en años secos el productor, asesor tiene que estar más atento”, ya que frente a una situación límite “cualquier error de planificación es pérdida de rendimiento y bastante”. En cambio, cuando hay exceso de agua “enmascara todo, la planta va a crecer porque toma agua y entonces cualquier error de manejo como llegar tarde a alguna fecha, queda enmascarada porque tuvo agua”. Si no hay agua se ve de forma bien evidente como se organizó la planificación y el manejo que está haciendo.

El cambio climático no es algo nuevo, pero pasan los años y todo se acentúa. Con diferentes actores interviniendo sobre la naturaleza y modificando el ecosistema, el impacto es grande. Dickie mostró algunos números de un estudio que realizaron que detectó que, en los últimos 10 años, del 2010 al 2020 hay un aumento de intensidad de eventos extremos. Por ejemplo, se registran lluvias más intensas, llueve lo mismo a lo largo de año, pero en menor cantidad de días. Pasa lo mismo con días de calor, lluvias tropicales y aumento considerable en los últimos 40 años de lluvias mayores a 60 mm diarios. ”Esto ocurre y no podemos solo atribuir al manejo a nivel del campo, influyen mucho otras variables”, resaltó.

Para tratar de atenuar el impacto climático en el agro, la especialista advierte que el manejo sostenible y conservacionista de los recursos es fundamental. “Plantear rotaciones, que se diversifiquen las diferentes actividades, que se incluyan cultivos de cobertura que no solo actúan a nivel suelo, sino que son secuestradores de carbono. Conocer nuestro territorio es fundamental, si tenemos un suelo con pendiente saber qué vamos hacer, teniendo en cuenta que hay lluvias cada vez más intensas, vamos a trabajar ese suelo o no, qué hacemos. Planificar, incorporar animales, hacer otro manejo. Creo que hay que diversificar y trabajar por ambiente, estar mucho en el terreno. Saber interpretar los pronósticos y ver el impacto de esta relación con el cultivo. A lo mejor tenés una alta temperatura en un momento que no va afectar el cultivo. Saber analizar esas variables”, destacó la especialista, para quien la variable clima es fundamental en la toma de decisiones, un elemento complejo de análisis que además de relevar con la información de pronósticos es fundamental volver a incorporar la práctica de la observación, “un chequeo a campo como hacían los abuelos que te da otra visión”.

Más incertidumbre

El presidente de la Cámara de la Industria Aceitera y del Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC), Gustavo Idígoras, apuntó que “históricamente el clima fue una de las variables más importantes que transforma los precios, la oferta y demanda en el comercio de granos” pero resaltó: “En los últimos años estamos viendo una variación sustancial de las condiciones climáticas habituales, eso lleva a importantes épocas de sequía pronunciadas, a bajantes de ríos como es el caso del Paraná o en algunas otras zonas a fuertes inundaciones que antes no eran normales”. En ese sentido, consideró en Agrovisión Profesional que “estamos en una transición de condiciones climáticas que va a llevar a un nuevo escenario climático hacia adelante, que va a definir mucho las zonas de producción y las condiciones de exportación que tengan también los países”. Idígoras sostuvo que por ahora es difícil aventurar un escenario para Argentina, hay varios análisis de perspectivas climáticas, y subrayó que “hoy el cambio climático es una condición novedosa que aumenta la incertidumbre en el sistema de producción y exportación de la Argentina”.

El consultor especializado en agronegocios resaltó que “la variación permanente se transformó en una nueva variable” y de esta forma dijo que ahora “es muy difícil hacer estimaciones de cosecha porque el cambio climático genera muchísimas inestabilidades”.

“Cuando se hacen estimaciones se busca hacer un análisis retrospectivo, cómo han sido las condiciones climáticas los últimos 20 años y hoy eso es de baja utilidad porque hay nuevas condiciones y no se expresan necesariamente con los mismos comportamientos todos los años. Por ejemplo, el efecto Niña que se supone que tenía cierta estabilidad en nuestra región hoy pareciera que va a ser un efecto permanente durante determinada época del año en Argentina y eso claramente nos va a ponernos en una nueva dificultad y desafío muy grande. La producción de maíz este año se ve seriamente afectada, también está impactando sobre la calidad de la producción del cultivo de soja. Esto podría ser un condicionamiento en Argentina, cuya principal fuente de divisas de exportación es el complejo de maíz y soja y subproductos que serían los más afectados por el cambio climático”, resaltó Idígoras.

Argentina el año pasado tuvo un muy buen año en términos de volúmenes y valores. Habitualmente en el país se producen 100 millones de toneladas y el año pasado rondaron los 140 millones de toneladas. La exportación anual promedio era de es de 22 o 23 millones, pero se elevó a 33 mil millones el año pasado. “Las condiciones para los productores eran favorable en términos costos beneficios, por lo tanto, estaban instruyendo más tecnología. Esta condición nueva climática está alternando toda esa perspectiva”, señaló el presidente de Ciara-CEC.

Sobre el impacto en esta campaña para el maíz, Idígoras recordó que el año pasado se produjeron 60 millones de toneladas y se exportaron casi 42 millones, año récord en lo histórico, pero este año no se pueden aventurar una perspectiva, saber cuál va a ser la producción, la exportación, el consumo interno. Por su parte, en soja, mencionó que el poroto de soja viene estancado hace 10 años y ahora “con el factor climático puede ir al descenso” y consideró que “con las estimaciones que se están haciendo estaríamos por debajo de la producción del año pasado”.

Planeamiento estratégico

Ante el nuevo escenario Idígoras detalló cuatro ejes importantes y advirtió que la respuesta para enfrentar la situación “claramente tiene que ser la tecnología” e indicó que se debería empezar “por la selección y uso de semillas”. Sostuvo que la semilla debe tener “mayor desarrollo tecnológico, que puede implicar resistencia al estrés hídrico pero también adaptabilidad a los cambios climáticos y mantenimientos de rendimientos altos y de buena calidad”.

En ese sentido, señaló que la industria semillera argentina tiene un desafío importante para ir evolucionando frente a estos cambios climáticos. En segundo lugar, hizo referencia al planteo agronómico de los productores.

La siembra directa es una respuesta positiva a la necesidad de generar los nutrientes necesarios en el suelo y la humedad, eso tendría que profundizarse ya que en los últimos años Aapresid ha indicado que se han reducido los planteos de siembra directa en la Argentina. Ese es un planteo importante a recuperar, no solamente por la recuperación de los suelos sino por el efecto positivo frente al cambio climático”, resaltó.

El tercer punto dijo tiene que ver con una cuestión de logística interna. “El cambio climático lleva a que tengamos en riesgo también la calidad de los granos que cosechamos. No solamente por las muy malas condiciones de rutas y caminos rurales sino también por las condiciones de acopio. Tenemos que trabajar para mejorar tecnológicamente las condiciones de acopio para mantener los granos con buena calidad más allá de las altas temperaturas, que probablemente sean condiciones permanentes en los próximos años. También está la logística exportadora que tiene que ver con que tenemos un río Paraná con una bajante que pareciera que se puede transformar en algo estructural en los próximos años, y la profundización de los canales se transforma en una herramienta clave para ser competitivos. La nueva licitación pendiente aún a cargo del gobierno nacional es una de las cuestiones que tiene el agro argentino. Podemos tener la mejor tecnología, los productores pueden desarrollar los mejores cultivos, pero si no tenemos hidrovía no tenemos a nadie a quien vendérselo”, planteó.

Idígoras también resaltó que el cambio climático además viene de la mano de una demanda mundial creciente de nuevos requisitos ambientales. El mundo dice cómo luchar contra el cambio climático y dice que hay que tratar de consumir productos más amigables con el medioambiente, básicamente que produzcan menos emisiones de gases de efecto invernadero o que protejan o sean libre de desforestación, no quieren conversión de suelos.

“Esas dos nuevas demandas vienen del cambio climático, que es una agenda muy global. En ese sentido, la respuesta que tenemos como efecto de cambio en Argentina suma esta cuarta variable que es como atender la demanda internacional”, subrayó.

¿Cómo sería el camino? El presidente de Ciara-CEC consideró que “con mejores tecnologías de semillas que van a reducir emisiones, segundo con buenas prácticas agrícolas conservacionistas como la siembra directa que reduce emisiones y tercero una logística más eficiente reduce emisiones”.

“Argentina haciendo lo mismo tiene dos respuestas favorables, primero, para adaptarse mejor al cambio climático y, segundo, para responder a las demandas ambientales de los compradores. Conservando el ambiente vamos a conservar los compradores. Se da una fusión de intereses que antes no era así, habitualmente había una contradicción. Si querías un requisito adicional salía más y por lo tanto podías perder compradores. El cambio climático va de la mano de mantener y crecer en materia de exportaciones”, destacó Idígoras, al tiempo que resaltó que “más allá de los problemas macroeconómicos del país, tenemos que tener una mirada estratégica para estos desafíos” ya que los que “los países competidores están actuando, con nuevas tecnologías, mejores logísticas, certificaciones ambientales, y nosotros nos distraemos naturalmente por los problemas internos que tenemos pero estas cuestiones hay que priorizarlas y trabajarlas de manera permanente”.

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