Mujeres rurales

"El trabajo de las mujeres en el campo está invisibilizado"

María Elena Aradas, de la plataforma de género, adolescencia e infancia de Inta, dijo que la propiedad de la tierra, el acceso al agua y la comercialización, están en la agenda urgente de género

Domingo 24 de Octubre de 2021

El acceso a la tierra, al agua y la distintas formas de comercialización de la producción, pueden resumir la agenda más urgente de las mujeres rurales, demandas que se fueron materializando con la lucha de los feminismos en los últimos años que incluyeron a este colectivo, pero que se vienen militando hace tiempo desde espacios como la Asociación Argentina de Hogar Rural y desde las plataformas de género de instituciones como el Inta.

“El rol de las mujeres está invisibilizado, incluso en los censos”, dijo María Elena Aradas, integrante de la plataforma de género, adolescencia e infancia de Inta, quien explicó que esto incluye tanto las tareas de cuidado no remuneradas que permiten sostener las economías familiares, sino las actividades productivas.

“Sólo se registraba el trabajo del varón vinculado con la comercialización más tradicional, pero las mujeres generalmente producen y comercializan en forma alternativa en ferias francas, en entregas a domicilio para acercar sus producciones de alimentos a zonas urbanas”, dijo en diálogo con el programa La Banda Cambiaria.

Un caso testigo

Ese trabajo, según explicó Aradas, también está fuera del radar y abre las diferencias por cuestiones de género en el ámbito rural. “Las mujeres viven como preocupación el tema del acceso a al tierra, no sólo la tenencia sino la propiedad”, dijo y explicó en ese sentido que más allá del caso puntual y las características propias que tuvo, la situación que puso en evidencia Dolores Etchevehere en disputa por el campo con su familia, “es extrapolable a la situación que se vive en el campo, y es diferente según el tamaño de explotación que se trate”, dijo Aradas.

“En general lo que permitió el caso de Dolores fue visibilizar esta situación de acceso a la tierra”, dijo y mencionó que, por caso hay situaciones límites como aquellas que involucran incluso a programas oficiales. “Existen algunas políticas públicas exclusivas para mujeres que solicitan un documento de tenencia de la tierra y muchas tuvieron que dejar de participar por no poder acceder a eso, ya que la misma estaba a nombre de padres, maridos o hermanos”.

Otro de los grandes ejes que aún están pendiente de resolver en materia de género tiene que ver con el agua, tanto los servicios como las posibilidades de acceso. “En nuestro país, aunque parezca increíble, son las mujeres las que acarrean agua durante horas en algunas zonas”, recordó Aradas.

Y finalmente, comentó que hay una gran deuda en cuanto al acceso a las formas de comercialización, sobre todo de financiamiento, específicamente para acompañar a las mujeres en el trabajo productivo, dentro del sistema grande de la chacra familiar. “Las mujeres forman parte de espacios de comercialización alternativos que fueron construidos desde las bases y la movilización de las mujeres y sobre todo de los pequeños productores, y a veces no están suficientemente acompañados tanto desde el punto de vista legal, bromatológico, para que se pueda reconocer a una producción de alimentos sanos, saludables, soberanos y seguros”, dijo Aradas, quien es vicepresidenta de la Asociación Argentina de Hogar Rural, en representación de Inta, una organización que nació junto al tiempo organismo.

“Allí trabajamos sobre dos grandes objetivos: las mujeres y los jóvenes”, dijo y planteó que dentro de eso una de las prácticas que más se llevan adelante son los procesos de capacitación para generar emprendimientos nuevos, ampliación de derechos, y reconocimiento de las tareas que se realizan en el campo. “La intención es poder darle una mayor gestión a esas tareas que a veces parecen muy cotidianas y cuando se les da acompañamiento de gestión pueden generar un emprendimiento que posibilite mejorar los ingresos e impulse la autonomía económica de las mujeres”, agregó Aradas.

También desde la plataforma de género de Inta de la que participa _conformada por un equipo nacional de varones y mujeres que trabajan en el territorio_ promueven dos grandes aspectos. Por un lado, hacia adentro de la institución, lograr un espacio de formación para ir incorporando una perspectiva de género, y por otro, sumar eso en el trabajo territorial. “Tratamos de buscar que el trabajo de las mujeres sea visibilizado y sea valorado su aporte como sujetos de derecho”, dijo.

En ese sentido, valoró el aporte de las luchas feministas en ese ámbito, a las que adscribe desde su militancia desde hace más de 25 años en la Red Trama, conjunto de organizaciones que trabajan con mujeres índigenas y campesinas en Argentina para revertir las desigualdades por cuestiones de género y clase.

“Para nosotras que acompañamos a las mujeres rurales, los feminismos han sido el espacio para formarnos y para descubrir este caminar junto ellas”, dijo Aradas y consideró que se trata de un trabajo de ida y vuelta para poner en agenda la situación de las mujeres rurales “que es diferente al de otras por las situaciones de aislamiento, la falta de comunicación, mucho más acentuada con la pandemia”, dijo.

Seminario

Esos temas fueron parte de la agenda que discutieron en el 2º seminario de “Mujeres y Diversidades en la Ruralidad”, en el marco del Día Internacional de las Mujeres Rurales que fue el 15 de octubre, organizado en conjunto por el Ministerio de Agricultura de la Nación, sus organismos descentralizados y Conicet, para debatir propuestas que tiendan a cerrar las brechas de género en el mundo agropecuario.

“Es una propuesta de una mirada federal y colectiva”, dijo Aradas sobre la actividad que convocó a unas 70 mujeres de todas las provincias, un cupo acotado por la pandemia. “El Día Internacional de las Mujeres Rurales es una jornada de homenaje y de reconocimiento al trabajo en su sentido más amplio que ellas realizan, tanto productivo como doméstico que no siempre está remunerado, muchas veces está tan invisibilizado y se pierde la dimensión de su aporte para la economía de las familias y como sostén del trabajo productivo”, concluyó Aradas.

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