La entidad educativa que apuesta a agregar valor en origen a los productos agroecológicos

La Fundación Francisco Bertolino, de la localidad de Casas, cumple 50 años en formar y producir con la mirada puesta en el arraigo rural y el medioambiente.
19 de septiembre 2022 · 07:00hs

“Trabajar para el arraigo rural sigue siendo nuestro mayor objetivo. Siempre poniendo en relieve los valores del esfuerzo, la constancia, la dedicación, la responsabilidad, el trabajo en equipo y el cuidado del medioambiente”, cuenta Yanina Smerling, integrante del Consejo de Administración de la Fundación Francisco Bertolino, una entidad que el próximo 5 de octubre cumplirá 50 años de vida.

Emplazada en el distrito de Casas, cerca de Cañada Rosquín (departamento San Martín), la entidad late en el corazón del centro santafesino. Sus orígenes fueron por disposición testamentaria de don Francisco Bertolino, hijo de inmigrantes italianos. “Tenía la idea de formar jóvenes que deseen radicarse en el campo para que su labor y el desarrollo de su familia sean los más adecuados”, explica Yanina. Su abuelo, don “Pepe” Smerling, era íntimo amigo de don Francisco. Fue él quien lo acompañó en muchas aventuras y crear la fundación fue la última.

“Testarudo como buen hijo de inmigrantes -dice y se ríe-, cuando los médicos sugirieron lo contrario, Francisco decidió volver a casa a pasar los últimos tiempos. Con la complicidad de mi abuelo, establece la creación de una fundación con la idea de formar jóvenes para que se queden en el campo”, relata Yanina. Don Pepe toma la posta y junto con su hijo, concretan el sueño de Francisco: dejar todo ordenado para que en su establecimiento se pueda crear una escuela para operarios rurales.

De esta manera, se determina la construcción de una escuela para la formación profesional agropecuaria. Hoy se encuadran en lo que Francisco quería: formar operadores y trabajadores agropecuarios. Allí se dictan cursos de capacitación laboral y profesional de manera gratuita. “Nos sostenemos a través del Servicio Provincial de Enseñanza Privada para los sueldos de los docentes y lo demás sale de la parte productiva del propio establecimiento”, explica la nieta de Pepe Smerling.

Entre los cursos que hoy se dictan (con certificación oficial), se destacan el de crianza de terneros, inseminación artificial, soldadura autógena y eléctrica, horticultura, fruticultura, forestación, iniciación apícola. Permanentemente están impulsando talleres, encuentros, capacitaciones, como forma de estar en contacto con las comunidades de la región. “A través de las redes y la radio local, avisamos que vamos a realizar un taller. Muchas veces los temas los piden los mismos vecinos”, cuenta.

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Entre los cursos que hoy se dictan en la Fundación Bertolino se destaca el de crianza de terneros.

Entre los cursos que hoy se dictan en la Fundación Bertolino se destaca el de crianza de terneros.

El cuerpo docente está conformado por un director, un secretario, un personal no docente y tres instructores. La fundación agrega dos empleados rurales que ayudan en las tareas a campo y en el mantenimiento general. Este año hay 47 estudiantes desde los 16 años en adelante y la mayoría proviene de Cañada Rosquín, Casas, Carlos Pellegrini, San Martín de las Escobas y otras localidades de la región.

Establecimiento agroecológico

“Por la variedad de temas en los cursos, nuestras áreas son didáctico-productivas. Tienen el gran desafío de ser rentables para que podamos seguir subsistiendo, prestar los servicios y estar para la comunidad. El desafío es diario y permanente”, resalta la entrevistada que es técnica en producción primaria lechera.

La fundación es licenciataria de la marca provincial “Producto de Mi Tierra”, con lo que pueden participar de las propuestas del programa Santa Fe Expone, y es miembro de la Federación de Fundaciones Argentina (Fedefa).

Uno de los pilares de los fundadores era tener “criterios conservacionistas en la explotación agropecuaria”, como se decía en aquella época. Y esa línea de trabajo hoy es su bandera: es un establecimiento agroecológico, en el que no utilizan productos de síntesis química y tratan de realizar una explotación lo más diversificada posible. De esta manera, buscan “eficiencia y rentabilidad” para poder autosustentar la escuela y la fundación que abarca unas 200 hectáreas.

Pastoreo racional

Una de las principales producciones de la fundación es la ganadería bovina en pastoreo racional Voisin. Desde 1979, son pioneros en la zona en este sistema basado en maximizar la captación de energía solar (su principal insumo), transformándola en utilidades a través del pasto y del organismo animal respetando su bienestar. Busca siempre la mayor eficiencia productiva, acorde a los patrones de calidad para una producción orgánica y sustentable (agroecológica). En este sistema, la fertilización se obtiene a través del bosteo y orina de los animales. Se respetan los tiempos de pastoreo y descanso en cada parcela, cuidando el suelo y permitiéndole mejorar sus condiciones físicas. “Obtenemos un producto de superior valor y calidad, por ser biológicamente mejor”, sintetiza la especialista.

Una de las dificultades clave con la que se encuentran para el desarrollo productivo es la falta de diferenciación y la necesidad de agregar valor en origen para obtener ese plus. La fundación trabaja el ciclo completo de la ganadería pero a una escala muy pequeña.

“Cuando llegamos con los animales, no completamos una jaula. Esto es una traba importante al momento de comercializar el producto como diferenciado. Por ahora vendemos a remate normal, como cualquier otro novillo de feedlots. Se mezcla. Es lo que podemos hacer por logística y tamaño. Hay algún mercado pero está más concentrado en Buenos Aires. Deberíamos ingresar en un fideicomiso como el de grass feed. Pero no tenemos el tamaño para llegar a ser económicamente rentable. Hay mucho para construir”, reconoce la especialista.

En apicultura tienen 100 colmenas en producción, y una planta donde se acondiciona y fracciona la miel. Aquí sí lograron agregar valor en origen. “Nos dolía ver salir los tambores de miel sabiendo que habían sido elaborados con productos orgánicos dentro de la colmena y que terminaban mezclados con todos los demás: ¿qué valor tiene ese trabajo, ese alimento real que no llega al consumidor?”. Así fue que tomaron la decisión de llegar con el frasco de miel propio “Don Francisco” a la mesa del consumidor: “Creo que la salida, para todo productor agroecológico, va por ahí. Y con la carne lo mismo: poder tener un pequeño matadero, para llegar a la carnicería en el pueblo y así completar toda la cadena: desde que el animal nace y es cuidado con esos criterios hasta el producto final”, entiende Yanina.

De naranjas, huevos y dulces

A escala zonal, comercializan bolsones de verduras agroecológicas casi todas las semanas con “lo que sale” de la huerta. Desde hace poco tiempo cuentan con un invernáculo donde producen los plantines. Esto les permite acelerar los tiempos y llevarlos a campo cuando ya están hechos. El bolsón que llega a Cañada Rosquín o Casas está compuesto por la combinación de puerros, repollos, remolachas, zanahorias, ajo, acelga, rúcula, espinaca kale, lechugas de todo tipo, higos en verano, naranjas, quinotos, limones o mandarinas en invierno, y cuentan con un monte de cítricos (naranjas y mandarinas).

Una pequeña cocina-fábrica habilitada por Assal les permite preparar dulces artesanales. Así, se cumple aquí también el objetivo de agregar valor en origen a productos como calabaza, higo y naranjas.

A todo esto se le suman 200 “gallinas felices” criadas a campo. “Las vamos rotando con el mismo criterio que al bovino: brindándole el descanso necesario al suelo para que vuelva a regenerarse. De esta manera se obtiene un producto diferenciado en calidad: un huevo de estas gallinas que están en contacto con las leguminosas, caminan, oxigenan sus músculos y que además se alimentan también de excedentes de la huerta”. El sistema lo tienen desde hace dos años.

Los integrantes de la Fundación Bertolino pretenden lograr un manejo eficiente de las diversas producciones pero, a la vez, pensando en un equilibrio entre todas las alternativas productivas. “Las cucurbitáceas (calabazas) de la huerta, por ejemplo, dependen muchísimo de la polinización. Trabajamos en dejar mucha flor en pie en los cultivos de alfalfa para favorecer esa polinización, lo mismo pasa con el monte frutal. Tratamos de manejar la confección de reservas que no serán de una calidad nutricional espectacular, pero sabemos que estamos beneficiando a todas las áreas productivas. Lo que queremos es tener diversidad: que no hagamos un monocultivo, una sola actividad. Que haya mucho para ver y aprender. El agro es muy rico y puede generar tantísimos tipos de producciones”, señala la especialista.

La biofábrica

La fundación tiene una biofábrica en la que se realiza todo tipo de biopreparados para abono, fungicida preventivo, etc, y se distribuyen en los cultivos, en la huerta y en los frutales.

“Todo lo que se procesa en esa fábrica, proviene del mismo establecimiento: la bosta, la ortiga, la cola de caballo y la bardana”, explica Yanina.

La fundación formó parte del programa provincial “Producción Sustentable de Alimentos en Periurbano” que se desarrolló en 2017, durante la gobernación de Miguel Lifschitz.

El plan fomentaba las huertas ecológicas en periurbano para lo que se montaron biofábricas en toda provincia con todo lo necesario y allí también se realizaron las capacitaciones para elaborar los biopreparados.

Caminar los potreros

“Nuestro trabajo no está detrás de un escritorio, con una receta agronómica. Nosotros creemos en acompañar el crecimiento, en observar el proceso, en el productor de nuevo en el campo, caminando los potreros”.

Con convicción, Yanina entiende de esta manera el trabajo en el campo. Con tecnología pero con valor agregado en origen. Esto permite arraigo, brindar alternativas laborales especializadas en el origen.

Productos que fueron elaborados con una utilización racional y honesta de los recursos que brinda la tierra.

Esa mirada es la que la fundación tuvo desde el origen: “Lograr que sus alumnos amen a sus tierras, y adviertan a través de su capacitación, que pueden hallar en la explotación agropecuaria un modo de vida sano, digno y económicamente rentable, evitando el éxodo a las ciudades y favoreciendo la radicación en el medio rural”.

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