La problemática de la sustentabilidad tomó relevancia en las últimas décadas, ante el aumento de la demanda a nivel mundial por el crecimiento poblacional. El desafío, indicó, no está solo en abastecer a esa población mundial, sino también en la calidad de lo que se produce.
Huella de carbono y deforestación: las nuevas reglas que redefinen la producción agropecuaria
Sustentabilidad al frente. Los consumidores exigen productos con menor impacto en el cambio climático, lo que implica cambios en las formas de producir. La mirada del ingeniero agrónomo Ramiro Garfagnoli
Las lluvias del último fin de semana superaron las expectativas.
En el marco de su participación en Expoagro 2026 el ingeniero agrónomo Ramiro Garfagnoli, docente de la Tecnicatura Universitaria en Producción Agropecuaria de la Facultad de Química e Ingeniería de la Universidad Católica Argentina (UCA) sede Rosario, brindó la charla certificaciones sustentables aplicadas al agro.
Durante su presentación destacó que los consumidores exigen productos con menor impacto en el cambio climático, lo que implica cambios en las formas de producir y dio como ejemplo la reglamentación de la Unión Europea, que establece que el bloque solo comprará productos libres de deforestación. “Estamos yendo hacia un modelo de triple impacto: ambiental, productivo y social”, señaló.
En rigor, Garfagnoli habló sobre las certificaciones, que son un sistema de indicadores o de gestión, “una herramienta que sirve en la gestión del establecimiento”. Para obtener las certificaciones, “tenemos que ver si cumplimos con esos indicadores, luego viene un auditor, que certifica que estamos haciendo lo que decimos que estamos haciendo”, puntualizó.
Modelo productivo
Estas certificaciones se vinculan con el uso del agua y el suelo (ambiental), los elementos de seguridad del trabajador y las condiciones laborales (social) o la eficiencia y estabilidad (producción). Medir la huella de carbono, no deforestar para producir, usar eficientemente el agua, gestionar el impacto ambiental, conservar la flora y fauna nativa, rotar los cultivos y realizar un manejo integrado de plagas son algunas de las exigencias.
Estos requerimientos no provienen solo de las empresas, remarcó Garfagnoli, sino que consumidores como la generación Z también revisan que los productos que compran no tengan impacto ambiental, e incluso hay créditos e incentivos especiales para la conversión de los productores.
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Para finalizar, remarcó que el principal desafío a nivel del productor es llevar un registro de lo que está pasando, mientras que a nivel de las instituciones y empresas se busca unificar criterios. Por último, está el mercado que se encuentra traccionando la demanda. “Las empresas hoy necesitan que se mida la huella de carbono y que los productos no vengan de campos deforestados”, reforzó.










