El sector lácteo, una cadena que busca salir del estancamiento

El negocio es uno de los más importantes del país, pero su producción es similar a la de los años 90. La caída de tambos y el menor consumo.

El sector lácteo presenta un fuerte estancamiento que data de finales de la década de los noventa. En este período, la cantidad de empresas disminuyó, la producción se ha mantenido constante y las exportaciones y el consumo per cápita se han reducido.

En el año 2018 el sector lácteo en Argentina representó la quinta cadena agroalimentaria, dentro de un listado de las 31 cadenas que componen el sector agroalimentario argentino, en cuanto a aportes al valor agregado, sólo por detrás de los aportes de las cadenas de la soja, la bovina, del maíz y del trigo.

Este aporte representó aproximadamente el 1 por ciento del PBI en términos de Valor Agregado. Además, fue la tercera cadena agroalimentaria si es que se toma el Valor Bruto de Producción (VBP), sólo superado por, nuevamente, el complejo de la soja y del sector bovino.

Con estos datos podría concluirse que el sector lácteo en Argentina mantiene una gran importancia dentro de la estructura productiva nacional y que es necesario su análisis histórico para reconocer el estado actual de esta cadena agroalimentaria. Para ello, es esencial es estudio histórico de variables determinantes del desempeño productivo del sector.

Producción

Al analizar la producción de leche se podría afirmar que se ha mantenido constante. Principalmente porque a lo largo del período 2008-2019, aunque se hayan dado variaciones de producción, entre el inicio y el cierre del intervalo histórico analizado sólo se creció un 3,33 por ciento. En adición a lo anterior, en caso de extender el análisis a 1999 el efecto producido es idéntico. La producción total para dicho año fue de 10.329 millones de litros, y la producción para el año 2019 fue de 10.343 millones de litros. Con lo cual podría afirmarse que el crecimiento entre 1999 y 2019 es del 0,13 por ciento.

Es claro el estancamiento productivo cuando la producción total de leche en millones de litros es aproximadamente el mismo valor habiendo transcurrido 20 años. El panorama es más claro aún si se realiza una comparación con otros países. Según datos brindados por el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (Ocla), en el período 2000-2016, países limítrofes como lo son Uruguay, Brasil y Chile, crecieron todos más de un 40 por ciento en cantidad de litros, incluso Chile llegando a crecer más del 70 por ciento.

El sector lácteo nacional orienta aproximadamente el 80 por ciento de su producción al consumo interno y 20 por ciento a exportaciones. Por ello, el consumo doméstico (determinado en gran parte por el nivel de ingreso nacional) y la demanda externa son dos de los principales determinantes de la producción en el país, además del precio de los lácteos que determina la rentabilidad tambera. En este sentido, la cantidad de unidades productivas de leche en Argentina evidencia un retroceso entre el inicio y el final del período estudiado. En 2008, 11.542 establecimientos producían leche en Argentina para contabilizar en 2018 los 10.722 establecimientos. Pero dentro de este período existió una tendencia alcista a hasta el año 2012 donde se alcanzaron los 12.003 establecimientos. En dicho año se dio un quiebre en el sector lácteo nacional y desde entonces el número de unidades productivas no ha dejado de descender hasta el año 2018.

La producción de leche a nivel nacional, según datos del año 2017, está distribuida geográficamente en tres provincias principalmente, Córdoba (37 por ciento), Santa Fe (32 por ciento) y Buenos Aires (25 por ciento). Su sumatoria da una participación del 94 por ciento del total a nivel país. Por otro lado, de 11.326 tambos existentes en ese mismo año, el 35,1 por ciento estaban ubicados en la provincia de Santa Fe, 30 por ciento en Córdoba, 22,1 por ciento en Buenos Aires y 7,6 por ciento en Entre Ríos. Con estos datos podemos concluir que la escala de producción en la provincia de Córdoba es la mayor a nivel nacional, puesto que la relación entre su participación y el número de establecimientos productivos es el mayor de todo el país.

Consumo interno

En cuanto al consumo interno, se estima que el promedio para todo el período (2008-2019) es equivalente a 200 litros de leche por año aproximadamente. En el año 2019 se registra una fuerte reducción en las cantidades consumidas por los habitantes del país (caída del 5.9 por ciento con respecto al año anterior y del 12.8 por ciento con respecto al año 2008).

Dentro de las estimaciones del consumo interno puede notarse un cierto reflejo de lo ocurrido con el número de establecimientos productivos. A partir de los 214 litros de leche per cápita por año del año 2012, el consumo cae por debajo de los 200 litros y, con la excepción del 2015, los valores no logran superar dicho registro.

En el caso del sector externo, las exportaciones han sufrido una reducción de aproximadamente el 20 por ciento en cantidades de toneladas y de un 32 por ciento en cantidades de dólares ingresados al país. Por el lado de las importaciones, el volumen ha variado mucho de año a año, pero podríamos afirmar que comenzó y cerró el período analizado (2008-2017) con sólo un 3,2 por ciento de aumento. Pero las importaciones finales serían mayores en un 9,95 por ciento al volumen promedio importado en estos diez años (13.992 toneladas). Además de ello, importar 15.384 toneladas en el año 2017 significó un desembolso 25 por ciento mayor que lo gastado en 2008 para importar 14.901 toneladas de productos lácteos.

Por último, cabe destacar que esta cadena agroalimentaria es estructuralmente superavitaria en cuanto a su balanza comercial. Las importaciones representan menos del 10 por ciento de las toneladas exportadas. El mismo resultado puede apreciarse en cuanto a los ingresos/egresos de dólares por transacciones con el exterior. Por tales razones, el sector es un generador neto de divisas para el país.

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