Por una combinación de estancamiento propio y expansión de los competidores, la industria argentina de procesamiento de soja perdió el liderazgo que tuvo históricamente en capacidad de molienda. En los últimos años pfue superada por los complejos oleaginosos de Estados Unidos y Brasil, por lo que pasó al tercer lugar del podio global.
Soja: Argentina cayó en el ranking de capacidad de procesamiento
Un informe de la Bolsa de Rosario señaló que EEUU y Brasil superaron a la industria local. El papel de los biocombustibles y el futuro de las inversiones
La capacidad de molienda de soja se estancó en Argentina, mientras creció en Estados Unidos y Brasil. En los últimos meses se anunciaron inversiones.
Un informe de la Dirección de Informaciones y Estudios Económicos de la Bolsa de Comercio de Rosario recordó que Argentina fue durante quince años el complejo sojero con mayor capacidad de procesamiento del mundo. Pero luego de alcanzar en 2020 un techo teórico de 68 millones de toneladas, la expansión se frenó e incluso se redujo marginalmente.
“En simultáneo, los otros dos grandes orígenes de soja en el mercado global mantuvieron una tasa promedio de expansión industrial constante, en línea con una oferta local de soja abundante y creciente en el tiempo”, señalaron los economistas Matías Contardi, Bruno Ferrari, Emilce Terré y Julio Calzada, autores del estudio.
De esta forma, las industrias de soja en Estados Unidos y Brasil crecieron al 4% y 1,9% promedio anual durante la última década, respectivamente.
Como consecuencia, Argentina descendió al segundo puesto en 2024, al ser superada por Estados Unidos, y en 2025 quedó tercera, detrás de Brasil.
La historia
Desde el final de la década de 1970, la expansión del cultivo de soja impulsó distintos ciclos de inversión en capacidad de procesamiento. Entre fines de los 90 y comienzos de los 2000, el Gran Rosario se consolidó como el principal impulsor de esa expansión.
Los investigadores de la Bolsa apuntaron que hacia 2011 la industria sojera argentina se posicionó como líder en la exportación y capacidad de procesamiento. Conservó ese puesto durante quince años aunque operando, en promedio, a un 60% de capacidad instalada, ya que la oferta doméstica de soja resultó insuficiente para cubrir la capacidad instalada.
Mientras tanto, el mercado sojero atravesó un cambio de paradigma. Entre finales de 1980 y mediados de la segunda década de este siglo, la demanda fue traccionada por la transformación de proteína vegetal en proteína animal. Pero, si bien estos usos siguen creciendo, ahora es la elaboración de biocombustibles la que lidera este flujo.
“A principios de este siglo, prácticamente no se procesaba soja con el fin de utilizar aceite para usos industriales”, recordaron. En EEUU y Brasil se molían 44 y 23 millones de toneladas de soja, respectivamente. Un cuarto de siglo más tarde, los norteamericanos procesan más de 70 millones de toneladas de soja y los brasileros más de 60 millones. En cada caso, destinan el 75% y 50% al mercado interno. Antes, iban a forraje y alimento humano. Ahora, la mitad de la molienda de soja estadounidense que abastece al mercado interno se utiliza para producir biodiésel. En Brasil, ese destino explica casi dos terceras partes.
Ambos países representan el 80% del consumo global de aceite de soja para uso industrial. El salto en esa demanda impulsó el vertiginoso ritmo de expansión de la capacidad instalada de procesamiento en esos países, que buscan incrementar el corte de biodiesel con gasoil.
En el período analizado, Brasil mutiplicó por seis su cosecha de soja, hasta llegar al récord de 180 millones de toneladas. El crecimiento en Estados Unidos fue del 60%, con una cosecha de 120 millones de toneladas en camino.
La Bolsa proyectó que hacia 2030 el procesamiento de soja en Estados Unidos podría ubicarse entre 77 y 83 millones de toneladas. En Brasil se iría a 82 millones.
Los economistas de la entidad aclararon que el avance de la industrialización de soja no es un fenómeno exclusivo de los principales países exportadores. El “crushing” global aumentó 95 millones de toneladas en la última década. Brasil, Estados Unidos y China explican el 72% del total. En ese período, Argentina no solo no creció sino que contrajo marginalmente su nivel de molienda.
Inversiones locales
La Bolsa proyectó que, si se mantienen las condiciones actuales, el crushing efectivo de soja en Argentina podría incrementarse levemente hasta 46,5 millones de toneladas hacia 2030. Sin derechos de exportación, estimó que podría saltar a 54 millones.
En los últimos meses, distintas empresas anunciaron inversiones para expandir y eficientizar la capacidad de molienda de oleaginosa por unos u$s 1.000 millones. “Por el lado de la expansión de la capacidad instalada, se instalarían en Buenos Aires y Santa Fe, a través de grupos empresarios distintos y que podrían sumar a la capacidad de molienda nacional 22.000 toneladas diarias, lo cual equivale a un extra de 7,2 millones de toneladas anuales”, señaló la Bolsa.
A principios de julio, durante el seminario de Acsoja, los CEOs de las principales compañías de la industria aceitera anticiparon “un nuevo ciclo de inversiones, como el que se dio a partir del año 2004 cuando se hicieron grandes desembolsos en crushing, infraestructura y logística”.









