Investigadores santafesinos trabajan para mejorar el crushing de soja en pymes

Impulsan una tecnología para aportar a que las pequeñas y medianas empresas produzcan harina de soja para consumo humano
24 de enero 2022 · 06:00hs

Un equipo de investigadores de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), con apoyo del gobierno de Santa Fe, avanza en el desarrollo de una tecnología que permitirá producir, a partir de derivados de la soja, una harina apta para consumo humano. La iniciativa contempla hacer partícipe a las pymes, que de otro modo les resultaría difícil costearlo.

El concentrado de soja que se utiliza actualmente en el país en algunos productos se importa, en su mayoría, desde Brasil. El problema radica en que su fabricación está orientada para consumo animal, y no humano.

Por eso, el desafío que se propuso el equipo de la UNL es revolucionar el mercado interno creando una nueva harina de calidad organoléptica, a partir de la molienda de soja, que se podrá aplicar en innumerable cantidad de alimentos para consumo humano y que no solo mejorará el sabor, sino que generará productos más saludables y económicos. “Le va a mejorar el gusto a una hamburguesa, por ejemplo, la mantendrá en su tamaño, le brindará una cuota más saludable y será más económica que las tradicionales, porque extiende los productos cárnicos”, ejemplificó a Agroclave el Ingeniero Químico, Pablo Torresi, director del programa que recibió fondeo para este proyecto por parte de la Agencia Santafesina de Ciencia, Tecnología e Innovación (Asactei) y que se lleva adelante en el seno del Grupo de Valorización de Descartes Agroindustriales (GVDA), que funciona en la Facultad de Ingeniería Química de la UNL.

En términos concretos y sencillos, Torresi explicó que la nueva tecnología es básicamente la adaptación de la tecnología que hoy hay disponible pero para producir alimento destinado al consumo animal. Actualmente, tanto la harina como el aceite de soja para consumo animal se desgrasa mediante el empleo de un solvente orgánico, como lo es el hexano, que luego se remueve con vapor. “La idea es ampliar esta planta piloto para que pueda procesar una materia prima (harina blanca de soja o white flakes), que se desolventiza de otra forma y así obtener el concentrado de proteínas para alimentación humana”, explicó Torresi.

El objetivo a mediano plazo, que también contempla el subsidio provincial, es desarrollar una tecnología para el escalado industrial. Es decir que, además de la adaptación de la planta piloto, se utilizarán los parámetros operativos para hacer un escalado. El diseño de un módulo de 20 toneladas diarias permitirá una salida rentable para muchas pymes”, entiende el especialista.

Esta puesta en marcha les permitirá “contar con el know how para que pueda acercarse cualquier interesado y, con una inversión, pueda construir una planta que procese porotos de soja y produzca un concentrado de proteínas apto para consumo humano”, aseveró.

¿Cómo nace la idea?

La idea surge con la intención de desarrollar un producto que en el país no existe y que pueda ser costeado por pymes. De esta manera, desde la UNL junto con apoyo económico del gobierno de Santa Fe, se apuesta a desarrollar un saber específico que le permitirá a las empresas invertir en el nuevo producto y salir al mercado con algo novedoso en la región.

Así fue que un grupo de ingenieros –entre los que está Torresi-, con experiencia en el ámbito privado, se puso a trabajar con la Universidad y el Estado para crear esta tecnología que permita utilizar derivados de la soja en alimentos para humanos; y, que, al mismo tiempo, pueda ser ofrecida a las pequeñas y medianas empresas como una oportunidad de negocio.

Si bien en Latinoamérica no sobran ejemplos al respecto, “en Europa Occidental como en Estados Unidos ya existe una industria muy expandida, que ofrece cientos de productos que contienen derivados de soja y que son muy consumidos por sus poblaciones”, afirmó Torresi.

Hasta el momento, el equipo que lidera Torresi lleva desarrollada la primera etapa de este proyecto. La misma consta de una tecnología de prueba que procesa 400 kilos por día y que posibilita la producción de concentrado de proteína de soja (SPC) a partir de harina de soja desgrasada y tostada, que se encuentra validada a escala piloto y está destinada al mercado de alimentación animal. La próxima etapa consiste en avanzar hacia el mejoramiento de la tecnología para que sea apto para consumo humano.

El rol clave de la UNL

Lucas Bruera, secretario de Relaciones con el Medio de la Facultad de Ingeniería Química, profundizó en el aspecto institucional que atraviesa e impulsa el proyecto. “La Universidad apoya fuertemente al Grupo de Valorización de Descartes Agroindustriales que se encarga de investigar a nivel de laboratorio, simular los procesos, diseñar las plantas pilotos y armarlas, ponerlas en marcha, optimizarlas y, luego, pasar a montar una planta de mayor escala”, destacó.

Por eso hoy están trabajando en un gran “contenedor tecnológico”, que no existe actualmente en Argentina, que cuente con las condiciones para escalar los proyectos y poder tener las plantas piloto adentro. “Se trata de una fuerte decisión de la Facultad de Ingeniería Química de la UNL”, admitió Bruera.

“Es el paso necesario para que se pase de una investigación básica a una investigación aplicada y validada a una escala para poder, después, ser transferida a una industria. Nuestra intención es que esto pueda ser visible y que otros grupos de investigación puedan tomar este camino y contagiar”, destacó.

Si bien el proyecto hoy lo están llevando adelante investigadores de la UNL, tiene sus inicios en 2016, a partir de un convenio de colaboración con la Universidad del Centro Latinoaméricano (Ucel). “Esto fue muy importante porque sabíamos que la institución -Ucel- era el actor clave que nos faltaba, porque está en Rosario donde se mueve mucho más la soja y tiene contacto directo con los actores del agro”, explicó el secretario.

Este convenio les permitió presentarse a la convocatoria 2016 de Ciencia y Tecnología para Proyectos Específicos de Bioeconomía Regionales, para obtener los fondos para construir la planta piloto a escala industrial -hasta el momento tenían el desarrollo a escala laboratorio-.

“Si bien el desarrollo del proyecto lo está llevado adelante la UNL, en el espíritu se sigue trabajando en colaboración entre las dos universidades”, destacó.

El desafío revolucionario

El enorme potencial que tiene Argentina y sobre todo la provincia de Santa Fe para el procesamiento de soja, se presenta como una oportunidad que el equipo de trabajo no quiere desaprovechar.

Hoy por hoy, las grandes multinacionales vinculadas al negocio de la soja están muy orientadas a seguir expandiendo su capacidad de crushing, porque todavía “hay mucho poroto” dando vueltas y el cliente externo compra todo lo que se produzca, explicó Torresi.

El principal obstáculo con el que se encontrarán las pymes que quieran adoptar esta tecnología, es la competencia con las grandes escalas de las multinacionales. “Si nosotros quisiéramos competir en lo mismo, pero a una escala menor, nos comerían los costos y no sería económicamente viable”, afirmó Torresi.

Por eso, “nos orientamos a esta otra tecnología” apta para consumo humano a partir de derivados de la soja. Esto sería producir a menor escala, por eso la inversión es importante, pero las propiedades organolépticas (calidad, sabor, entre otras) generarán “mayor aceptación en la población”, lo que permitirá incorporar “mayor cantidad de material en los alimentos”.

En este nuevo paradigma, “sucedería que un bife de carne, por ejemplo, sin agregados de soja sería menos rico que con la proteína”. El desafío “es encontrar la dosis justa” que sea apta para el paladar humano. El desarrollo del equipo se enfoca en que ante todo sea una proteína rica para las personas.

En un mundo que va virando lentamente hacia una alimentación mucho más saludable, los agregados proteicos de soja “serán cada vez más demandados”, dado que “mejorarán” todas las condiciones de los alimentos y, además, el hecho de lograr una producción nacional del producto, “abarataría los costos empresariales y optimizaría la rentabilidad de las firmas”, comentó el ingeniero.

Para mediados de 2023, estiman estar en condiciones de armar una planta piloto y comenzar a producir harina apta para consumo humano.

Según confirmó el especialista, “ya hay dos empresas santafesinas interesadas” en participar y esperan que, cuando se empiece a implementar, se genere “un efecto contagio” con las demás.

Respecto a la comercialización de la tecnología una vez que se haya terminado y patentado, una de las opciones que barajan es que las empresas puedan acercarse a la UNL y armar convenios para solicitar el armado de las plantas de crushing de soja para consumo humano de 20 toneladas.

Las firmas más chicas que no cuenten con departamentos que puedan generar este tipo de desarrollos, podrán acceder gracias al empeño de la UNL junto con el aporte de la provincia de Santa Fe.

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