Perfiles

La agenda de los nuevos profesionales del agro

La inclusión de perspectiva de género y cambio climático se entrelazan con apps, bioeconomía, los drones y el cuidado del medioambiente.

Lunes 18 de Abril de 2022

Fernando Marchisone es de Plaza Clucellas, una pequeña localidad santafesina de 1.700 habitantes que se encuentra a la vera de la autovía 19, en el departamento Castellanos. Es ingeniero agrónomo, egresado de la Universidad Nacional de Villa María y hoy está terminando de cursar una especialización en la Universidad Nacional de Córdoba sobre cultivos extensivos.

Con tan sólo 24 años, el joven santafesino participó de proyectos de investigación, hizo un intercambio académico en México e intervino en congresos nacionales e internacionales. Es director de IAAS Argentina (International Association of Students in Agricultural and Related Sciences), una ONG con más de 64 años que reúne a estudiantes de Agronomía y Ciencias Relacionadas. Además de estudiar, Fernando trabaja en una empresa ganadera familiar de su pueblo natal y también para un criadero de semillas de una empresa de Buenos Aires.

¿De qué hablan los nuevos profesionales cuando hablan en nuevo idioma de trabajar la tierra? ¿Cuáles son sus preocupaciones, sus ideas, perspectivas y fundamentos? ¿Cuál es su visión del “campo” que se viene? ¿Cuál es, en definitiva, la agenda de estos jóvenes ingenieros agrónomos graduados de las universidades argentinas?

El rol de la mujer en el campo es uno de los temas que copa la agenda”, asegura Fernando. “La participación de las mujeres aumenta, hasta nivel dirigencial, y las empresas ya no buscan preferentemente a un hombre para hacerse cargo de determinadas labores. Incluso en las universidades, hay un cambio rotundo en el porcentaje de hombres y mujeres en relación a lo que pasaba hace algunos años”, destacó el joven ingeniero.

Sobre este tema, y con datos de 2021, en la Facultad de Agronomía de la UBA, algo más de 1 de cada 3 estudiantes que se matricularon, fueron mujeres (36%). La brecha se va “angostando”: la primera ingeniera agrónoma se recibió en 1927 y fue la única mujer entre 21 graduados. En la década del 60, el 10% eran egresadas. En los 80 superaron el escalón del 20%. En la Facultad de Ciencias Agropecuarias (FCA) de la UNC (Córdoba), en el 2021 se inscribieron más mujeres que varones: 447 a 410; en la Licenciatura en Agroalimentos (105 a 50), en la Tecnicatura Universitaria de Jardinería y Floricultura (81 a 27) y en Ingeniería Zootecnista (74 a 63). Sólo en Ingeniería Agronómica fueron más los varones inscriptos (270 a 187).

Respecto a los planes de estudio universitarios, Fernando reconoció que muchos “están desactualizados”, pero al mismo tiempo, varias universidades “fueron incorporando a sus programas temas como agroecología, cambio climático y nuevas tecnologías”.

Según Fernando, el cambio climático es otro de los tópicos que mayor interés despierta entre los jóvenes: “Hay países que están más avanzados en la temática. Desde la ONG en la que participo (IAAS) organizamos capacitaciones y charlas con profesionales del Inta dirigidas a estudiantes de las carreras afines. La idea es tomar conciencia de lo que pasa. Es un tema que a la larga o a la corta se va a tener que abordar fuerte y seriamente”.

La agricultura extensiva es vista muchas veces como una de las principales responsables del cambio climático: deforestación, monocultivo, huella de carbono negativo y otras variables. ¿Cómo abordan el tema las nuevas generaciones? "Los agroquímicos están muy mal vistos en muchos lados. En este tema no hay que poner a todos en la misma bolsa. Hay productores que hacen las cosas muy mal pero están los que las hacen muy bien”, señala Marchisone. Y aquí surge otro concepto en la agenda de los jóvenes: las Buenas Prácticas Agropecuarias. “Es toda una cadena, no hay que mirar sólo al productor que es quien toma las decisiones que influyen directamente en el suelo y en el ambiente. No es fácil trabajar con ciertas prácticas que son sustentables. Esto requiere del apoyo del Estado y de toda la cadena. Debe existir un trabajo coordinado de todos”, remarcó el joven.

Y agrega: “Hay quienes ven a la ganadería como un problema en relación a la generación de gases que contribuyen al efecto invernadero en el mundo. Pero la ganadería tiene varios beneficios: mejora del suelo, la pastura absorbe más agua que un cultivo como la soja. Hay que ver el sistema completo, no sólo una parte. Hay muchas cuestiones a mejorar”.

Los consumidores, a nivel mundial, son cada vez más rigurosos y exigentes. Demandan alimentos con certificaciones medioambientales y que aseguren producciones sustentables. Se trata de consumidores informados y con cierta “conciencia social”. ¿Cómo los nuevos profesionales enfrentan esta realidad? “Hoy el mundo te pide que el animal sea alimentado con pasto natural en todo su ciclo y que tenga una trazabilidad desde que llega al campo hasta la góndola.

En varios países, el consumidor puede conocer toda esta información con solo escanear un código QR”, describe Marchisone. “Hoy, en el país, estamos un escalón más abajo en esto. Se necesita mayor control. Tenés la trazabilidad pero esto no te garantiza todas las etapas por las que pasó el animal. Falta un pequeño eslabón. El mercado cambió mucho el hábito de consumo. Está cada vez más acostumbrado a tener alimentos certificados”, apuntó.

Sobre este último punto, agregó: “Algunos toman las certificaciones más como un negocio que como garantía de calidad. Es otro tema para ver y que forma parte de la agenda que debemos construir. Debemos garantizar”.

Las nuevas tecnologías, la digitalización en las gestiones y en la comercialización, las apps, los drones, los tractores robots, el procesamiento de los datos como insumo. El futuro, pareciera, ya llegó al campo argentino. “Es un cambio que lo vivimos día a día. Cada semana sale algo nuevo. Y esto no tiene techo. Pero requiere de mucho capital, tanto para maquinaria como en lo humano. Entender, procesar la información. Se necesita saber manejar, aplicar y entender”, señaló.

Marchisone describe a las nuevas tecnologías como aliadas de la sustentabilidad: “Existe mucha tecnología que te permite ahorrar insumos. Y esto no solo es bueno en materia económica, sino también para el cuidado del medioambiente”.

Algunos productores con experiencia ven con cierto “temor” el recambio generacional. Dicen: “Los chicos que vienen no sienten el campo. Lo alquilan, se van a la ciudad y viven de lo que le deja la renta”. Si bien entre sus “jóvenes colegas” ese debate ya lo han escuchado, Marchisone lo siente de otra forma: “Al menos para mí, no es así. Me encanta estar en el campo. Vengo de un pueblo, tengo un campo familiar. Siempre lo vi como fuente de trabajo y producción. Para mí estar ahí no es lo mismo que estar en una oficina. Puede que algún egresado de la ciudad piense diferente. Puede egresar y no tocar la tierra. Eso es posible, y más con las nuevas tecnologías. Desde tu celular podés ver el trabajo de la cosechadora sin ensuciarte los zapatos: los rindes, la velocidad de la máquina. Es algo increíble”.

Aún así admitió: “Con todo, no viviría en el campo. Son muchas las incomodidades y dificultades que no me hacen elegirlo como lugar para vivir. Por ejemplo, si ocurre una tormenta y no tenés energía durante varios días, los caminos se vuelven intransitables. Es una realidad que hizo que mucha gente se quede en la ciudad”.

- ¿Ves el campo del futuro sin personas? ¿Con drones que midan y que envíen datos? ¿Con tractores robots que hagan el trabajo y que desde una oficina se analice todo esto?

- No lo veo tan así. Tenés la tecnología pero si no tenés quien la procese, la administre, pase esa información a datos, no sería posible ninguna producción. Siempre las personas serán necesarias.

El agro desde nuevas miradas. Todos los días cerca de la producción, pero sin renegar del confort ganado por la sociedad actual. Ya no es necesario habitar el “campo”, pero no hay que dejar de estar todos los días en el lote. Garantizar trazabilidad de principio a fin, para llegar a la góndola y a los consumidores con información sobre lo que se está consumiendo. Innovación técnica constante para cuidar cada vez más el recurso productivo. Tecnificación es lo opuesto a contaminación. De esto se trata la actualizada agenda de las nuevas generaciones, que buscan hacerse lugar entre los debates del agro.

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