La tradición vitivinícola renace en Entre Ríos

Con establecimientos pequeños y jóvenes, la producción de vino en la provincia entrerriana tiene mucho para crecer. El caso de un emprendimiento familiar que lleva once años de trayectoria y hoy produce cerca de 800 kg de uva por hectárea al año.
5 de diciembre 2022 · 06:00hs

Entre Ríos tiene un importante antecedente en el cultivo de la vid que se remonta a mediados del siglo XIX, con la llegada de los primeros inmigrantes al país. Por ese entonces, llegó a posicionarse como la cuarta provincia viñatera a nivel nacional. Sin embargo, ese momento de oro de la actividad se vio truncada en 1937, a causa de disposiciones políticas que prohibieron la producción y comercialización de vinos en el país, a excepción de Cuyo. Esta regulación recién llegó a su fin a mediados de los 90, cuando se sancionó una nueva ley que permitía que la actividad vuelva tener presencia en todas las provincias del país.

El regreso de la tradición vitivinícola entrerriana no fue inmediato, ya que pasaron varios años hasta reactivarse nuevamente. “Fue en el año 2007 cuando resurgió la actividad en la provincia. En la actualidad existen 18 provincias que hacen vinos y 21 que tienen viñedos. Entre Ríos, a diferencia de las restantes del país, tiene una buena historia: en sus inicios estaba en el cuarto lugar y hacía muy buenos vinos. Esa historia hay que retomarla y para ello hay que cuidar los viñedos, saber qué cepas son las que mejor se desarrollan y se sostengan en el tiempo”, entiende Noelia Zapata, presidenta de la Asociación de Vitivinicultores de Entre Ríos (Aver), entidad que nuclea a los productores de vinos de esta provincia.

Arroz. En la campaña 2021/22 la siembra aumentó 1.500 hectáreas (2%), según la Bolsa de Entre Ríos.

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Para Zapata, es clave “tener el viñedo bien instalado, cuidado, con los asesoramientos adecuados porque requiere ingenieros especializados en vitivinicultura. La atención del viñedo requiere del productor y de un asesor específico, y la bodega o elaborador artesanal es otro rubro muy importante”.

A la lista de aspectos a cuidar y tener en cuenta, se suma la importancia de mantener la calidad, el aroma y el sabor a lo largo del tiempo. “Hay que analizar cada uno de los pasos si uno quiere tener un viñedo destinado a la producción, porque después hay otras opciones que van a atadas a ésta, como la bodega, la sala de elaboración y el enoturismo. También está la cadena de comercialización, a donde voy a vender, cual es mi público; todas cuestiones que se deben analizar”, agrega la presidenta de Aver.

En Entre Ríos hay 49 viñedos, siete elaboradores artesanales y cuatro bodegas inscriptas por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV): “La particularidad que tiene la producción vitivinícola entrerriana es que los establecimientos son pequeños y jóvenes, y la producción de vino tiene un potencial importante y hay mucho por hacer. Los vinos obtenidos son de características diferentes a las de la zona de Cuyo, pero con mucho potencial, frutados y agradables al paladar”, destaca Zapata.

En referencia a la actualidad del sector, la presidenta de Aver señala: “Creo que vamos a tener crecimiento de vitivinicultores y de elaboradores de vino, a pesar de la economía compleja. Nosotros queremos que los productores se capaciten para que cuiden el viñedo de la mejor manera posible y hagan el mejor vino, porque si alguien hace mal vino, nos afecta a todos. Después de la pandemia, muchas personas se replantearon qué hacer con pequeñas hectáreas de tierra y, por eso insisto, esta actividad se puede hacer, pero hay que analizar y pensar cada inversión que se realice”.

Producir vino desde cero

Un ejemplo de que la actividad vitivinícola tiene mucho que ofrecer a la provincia, es el viñedo Los Aromitos, un emprendimiento familiar que hace once años se dedica a la vitivinicultura y que se encuentra ubicado a 20 km de la capital de Entre Ríos, en la zona rural de la localidad de Colonia Ensayo.

El establecimiento cuenta con cinco socios: “En nuestra familia no había ningún antepasado que hiciera vino, surgió con la idea de hacer algo diferente y alternativo, sin tener ningún conocimiento del mundo de la vitivinicultura. Nosotros vivimos este emprendimiento como un gran desafío. Antes de que mi familia adquiriera estas tierras, en el 2010, el dueño anterior tenía soja. Cuando iniciamos este proyecto no teníamos idea de lo que era plantar vid y mucho menos hacer vino. Fue cuestión de ir aprendiendo, y aún hoy seguimos aprendiendo sobre esta actividad”, introdujo Mauro Jacob, socio de Los Aromitos.

Desde el punto de vista geográfico, el viñedo se encuentra en un lugar privilegiado, en las cercanías del río Paraná y en una de las lomas más sobresalientes de la zona. Además de una vista panorámica inigualable de toda la región, la altura aporta beneficios para el cultivo de las vides, debido a que el viento que corre por el lugar es propicio para la salinidad de las plantas, el drenaje del agua y genera amplitud térmica.

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El viñedo ocupa un total de tres hectáreas de la finca, tienen alrededor de siete mil plantas, y hasta el 2016 llevan plantadas distintas variedades: Malbec, Merlot, Syrah, Tannat, Marselan, Chardonnay, y otras variedades de uva de mesa para consumo. Los Aromitos es una de las cuatro bodegas que hay en Entre Ríos, y están agrupados en la Aver.

Sello entrerriano

Consultado por el nombre del establecimiento, Jacob señaló: “El viñedo lleva el nombre del árbol nativo aromito o espinillo porque está relacionado con nuestro paisaje provincial. Nosotros no solo tenemos un viñedo sino una reserva natural privada de usos múltiples, que ocupa una extensión de 10 hectáreas, y tiene varias funciones: una productiva, por el viñedo, y otra de preservación de especies de flora, fauna y monte”.

Por otra parte, los vinos llevan el nombre Ára, “una palabra guaraní que significa era, ápoca, universo, espacio. Es un nombre raíz y nos pareció bueno para rendir homenaje a quienes estuvieron en esta tierra: los guaraníes”, explicó Jacob.

Como complemento de la actividad productiva, el turismo es otra arista que atraviesa y atrae visitantes a la finca: “El ecoturismo comenzó hace cinco años. Actualmente la bodega no está en el mismo lugar que el viñedo, ya que se encuentra en la ciudad de Crespo -a 40 kilómetros del viñedo-. Por un lado, hacemos ecoturismo, recorremos senderos, monte y explicamos sobre la flora y fauna del lugar, y por otro lado, hacemos enoturismo, con visitas guiadas por el viñedo y degustación de vinos”, enumeró el productor.

La paciencia

El antecedente interrumpido de esta actividad en Entre Ríos, deja en claro que éstos suelos son propicios para la actividad. Sin embargo, se deben atender ciertas características del clima: “El sistema de conducción de las vides, que es recomendado para esta región que es más húmeda y lluviosa, es el de Lyra abierto, muy diferente al parral o espaldero, los más usuales en Argentina-. Se trata de un sistema que hace crecer a las vides muchos más dispersas y se aprovecha más la insolación y la aireación, y en caso de humedad se seca más rápido y se mantiene una mejor sanidad en las plantas”, destacó Jacob.

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Con respecto al proceso de producción, el productor indicó: “El procedimiento de elaboración de vino comienza por la poda, que se hace durante julio y agosto; en primavera comienzan a brotar las plantas, y recién para febrero-marzo, se hace la vendimia. Se cosechan las uvas de manera manual en unos canastos de 20 kilos, y se transporta en un camión hasta la ciudad de Crespo. Se cosecha por tanda, porque no todas las variedades maduran al mismo tiempo, por lo que lleva cerca de un mes recolectar todas las uvas del viñedo. Posteriormente, se hace la molienda de las uvas en una moledora. En el caso del vino tinto, el mosto, las semillas, los pellejos y la pulpa de las uvas, se los pasa a un estanque de acero inoxidable donde se agregan las levaduras, y entre siete y diez días se masera todo eso y se fermenta, y después de esto se transforma en vino”.

Después viene un proceso de crianza del vino –clarificándolo, precipitando las borras, etc.- que lleva varios meses, y recién para noviembre y diciembre, se envasa ese vino. “Prácticamente lleva cerca de dos años, desde la poda de las plantas hasta tener el vino listo para consumo. Es un trabajo que lleva mucho tiempo obtener resultados”, afirmó el socio del Viñedo Los Aromitos.

Sobre la adquisición y calidad de las plantas, explicó: “Nosotros compramos las plantas de vides en forma de estaca, que vienen a raíz desnuda, injertadas con la variedad que se solicita. Desde que se planta la vid, pasan al menos cuatro años hasta tener una buena calidad de uva para hacer un vino. Con respecto a la calidad, las plantas a medida que van creciendo producen cada vez menos y de mayor calidad. Nuestras plantas tienen recién 11 años, son muy jóvenes, ya que las plantas pueden vivir hasta 100 años o más. Actualmente el viñedo tiene una producción anual de entre seis y ocho mil kilos de uva por hectárea”.

Consultado sobre las principales complicaciones a la hora de producir vino, Jacob señaló: “Lo que más complica la producción vitivinícola es que haya abundantes lluvias al año. Como pasó en el 2019, cuando produjimos un vino más ligero, con menos color y concentración alcohólica. Otro problema a la hora de producir es la obtención de insumos para hacer el vino, porque están concentradas en la zona de Cuyo, principalmente Mendoza, y hay que transportar todo desde allá: las cápsulas para las botellas, las plantas, etc.”, finalizó el productor.

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