Análisis

Carne: por el cepo, el país se perdió el ingreso de u$s 1000 millones en 2021

Según el Rosgan, de no haber sido por "las medidas disruptivas", la foto final de exportaciones anuales hubiera superado el millón de toneladas, es decir, un 20% más del volumen que efectivamente se embarcó.

Martes 25 de Enero de 2022

Días atrás se conocieron los datos de exportación de carne vacuna, correspondientes al mes de diciembre que permiten arribar a la foto final del ciclo 2021. De acuerdo a las cifras informadas por el Indec, el volumen total de exportaciones de carne vacuna registradas de enero a diciembre del año pasado ascendió a 805 mil toneladas -en su equivalente peso carcasa- esto es, más de un 10% inferior a las 900 mil toneladas exportadas durante estos mismos doce meses de 2020.

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Al ampliar el análisis a los últimos 10 años, el volumen exportado en 2021 es el tercer volumen más elevado, luego de 2020 y de 2019. Incluso, si se analiza en términos de ingresos generados, el 2021 se posiciona como el segundo mejor año de la serie, con cerca de USD 2.800 millones facturados, dado el excelente contexto que se configuró el año pasado en materia de valores internacionales para la carne.

"Pero ver el vaso 'medio lleno' sin preguntarnos el porqué de no haber logrado llenar la otra mitad, no es optimismo sino 'negacionismo'", entienden desde Rosgan.

Argentina venía tomando provecho de una excelente oportunidad que le presentaba el mercado mundial, creciendo a tasas cercanas al 14% interanual. De no haber sido por las medidas disruptivas, hoy se podría ver como foto final exportaciones anuales superiores al millón de toneladas, es decir, al menos un 20% más del volumen que, efectivamente, pudo ser embarcado. En valor, esto significa como mínimo una pérdida de unos 1.000 millones de dólares no sólo para el sector sino para el país en su conjunto.

Este año muy probablemente se repitan similares volúmenes de exportaciones a los registrados en 2021. Esta visión se apoya básicamente en dos argumentos. Por un lado, desde los fundamentos de oferta, claramente se ingresó en una fase de escasez o relativa restricción, producto del efecto acumulativo de bajos niveles de eficiencia reproductiva, excesiva extracción de hacienda en los últimos años y ahora también por efecto de la actual seca. Esto genera todo un desafío de reconstrucción hacia los próximos años, si se quiere lograr un crecimiento verdaderamente sostenible. Por tanto, es muy factible que, por lo próximos dos a tres años haya que administrar una producción limitada, sin crecimiento en la faena, e incluso con posibles bajas temporales en la producción resultante, si lo que se desea es mutar a sistemas de engorde y terminación de animales más pesados.

El otro de los argumentos, esencialmente del plano político, desde donde -voluntad mediante- existiría la posibilidad de cambiar muy rápidamente al menos algunas de las condiciones que frenan ese crecimiento, es que poco ha cambiado. Desde aquel esquema de cupos reinventado en 2021, hoy tenemos un sistema de autorización permanente, es decir, no hay un límite explícito para exportar, pero sí lo hay de manera tácita, puesto que, quien debe autorizar cada permiso de embarque solicitado, en efecto, tiene la facultad de aprobar o rechazar. En definitiva, las exportaciones siguen estando limitadas, solo que no conocemos abiertamente cuál es ese límite, algo aún peor si se mide en términos de previsibilidad del negocio.

Quizás ese límite ya fue sutilmente preanunciado cuando, a poco de asumir sus funciones, el actual ministro de Agricultura adelantó que el nuevo esquema de exportaciones debería procurar mantener un saldo exportable no superior al 24% de lo producido. Quizás ese límite ya fue sutilmente preanunciado cuando, a poco de asumir sus funciones, el actual ministro de Agricultura adelantó que el nuevo esquema de exportaciones debería procurar mantener un saldo exportable no superior al 24% de lo producido.

En efecto, si nos remitimos a las cifras reales -excluyendo el mes de mayo donde se produjo un adelantamiento inusual de embarques previo a la intervención- el porcentaje exportado que en los primeros meses rozaba promedios del 30%, rápidamente fue corregido mediante este esquema de cupos, al 24% objetivo.

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Sabiendo que el 2022 sería un año muy similar al 2021 en cuando a nivel de oferta ganadera, el total producido podría rondar nuevamente los 3 millones de toneladas de carne vacuna, por lo que no debería sorprender que el saldo exportable encuentre un límite en torno a las 720 mil toneladas.

Veremos si, entonces, la mirada seguirá siendo orientada sólo a esa mitad del “vaso lleno”, celebrando haber concretado -esta vez- el cuarto mejor año en materia de exportaciones, o comenzaremos a poner foco en cómo completar definitivamente esa otra mitad.

*La autora del artículo es consultora del Mercado Ganadero Rosgan.

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