El agro argentino enfrenta un escenario climático cada vez más complejo. Mientras la región núcleo atraviesa una campaña marcada por lluvias irregulares, temperaturas extremas y demoras en la cosecha, los principales modelos meteorológicos internacionales advierten sobre la inminente llegada de un fenómeno de El Niño que podría profundizar aún más la volatilidad climática.
Clima extremo: el agro argentino se prepara para una nueva fase de volatilidad
Especialistas alertan que la llegada de El Niño profundizará la volatilidad climática y obligará al sector a redefinir sus estrategias productivas, tecnológicas y financieras
Lo que ahora se está proyectando con los últimos datos de los organismos oficiales es un “Niño”. Comenzaría a actuar sobre Argentina recién a partir de la próxima primavera.
Las proyecciones indican probabilidades superiores al 90% de precipitaciones abundantes desde julio, con riesgo de tormentas severas, inundaciones y olas de calor prolongadas. En algunas regiones ya se registran acumulados cercanos a los 400 milímetros y casi un millón de hectáreas afectadas por excesos hídricos.
Según datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), existe un 61% de probabilidad de que se desarrolle El Niño y un 25% de chances de que el fenómeno alcance una intensidad fuerte o muy fuerte.
El escenario agrega presión sobre un sector que ya enfrenta altos costos de producción, retenciones, dificultades de financiamiento y una creciente pérdida de competitividad frente a países como Brasil. En ese contexto, especialistas en adaptación climática y biotecnología agrícola sostienen que el agro argentino enfrenta un cambio estructural que obliga a replantear las estrategias productivas tradicionales.
Las mejores decisiones
“La era de la predictibilidad climática terminó”, aseguró Rodrigo Pontiggia, fundador y CEO de Cycle F. “Los productores ya no pueden seguir tomando decisiones basadas únicamente en patrones históricos. El clima cambió y el agro debe adaptarse a esa nueva realidad”, agregó.
Las consecuencias ya se observan en la campaña actual. Durante abril, la saturación de humedad en la región agrícola generó fuertes complicaciones operativas. El avance de cosecha se ubicó muy por debajo de los niveles históricos, mientras que los suelos empantanados dificultaron el ingreso de maquinaria y aumentaron los riesgos de aparición de plagas, enfermedades y deterioro de granos por humedad prolongada.
Frente a este panorama, los especialistas advierten que el principal desafío ya no pasa por anticipar el clima, sino por construir sistemas productivos capaces de resistir escenarios extremos. La recomendación es avanzar hacia modelos más resilientes, con cultivos preparados tanto para sequías como para excesos hídricos y temperaturas extremas.
En ese proceso, la incorporación de bioestimulantes aparece como una de las herramientas centrales para fortalecer la tolerancia de las plantas al estrés climático. Según los especialistas, este tipo de tecnologías permite amortiguar el impacto de sequías, heladas, granizo o inundaciones, con mejoras de rendimiento que pueden oscilar entre el 9% y el 32% en contextos adversos.
La regeneración de los suelos también es señalada como una estrategia clave. Desde Cycle F sostienen que la recuperación de materia orgánica mejora simultáneamente la capacidad de retención de agua y el drenaje, dos factores decisivos frente a eventos climáticos extremos. Además, el uso de fertilizantes organominerales permitiría reducir hasta un 30% el consumo de fertilizantes químicos tradicionales, en un contexto de costos elevados.
Otro de los cambios que se plantean es el avance hacia modelos de economía circular, donde residuos de una actividad puedan reutilizarse como insumos de otras cadenas productivas. Los especialistas consideran que este esquema no solo mejora la sustentabilidad y reduce costos, sino que además abre oportunidades comerciales en mercados internacionales que exigen estándares ambientales cada vez más altos.
Innovación
La innovación tecnológica aparece como el último gran eje para recuperar competitividad. Los especialistas advierten que Argentina pierde terreno frente a Brasil en productividad agrícola y sostienen que la única manera de revertir esa tendencia es mediante una mayor incorporación de tecnologías vinculadas a la eficiencia productiva, como fertilizantes inteligentes, monitoreo de cultivos y herramientas de agricultura de precisión.
Para el sector, la llegada de El Niño representa mucho más que un evento meteorológico puntual. Se trata, aseguran, de un nuevo escenario climático caracterizado por extremos cada vez más frecuentes y violentos. En ese contexto, los productores que logren adaptarse más rápido tendrán ventajas no solo para enfrentar la volatilidad, sino también para reducir costos, mejorar márgenes y acceder a mercados que premian la sustentabilidad.
“El Niño no es una amenaza que pueda evitarse. Es una realidad que el agro debe aprender a gestionar”, concluyeron desde Cycle F.






