Hace apenas una semana, la principal preocupación de los productores de trigo se concentraba en el norte de Buenos Aires. Allí, las lluvias ponían en duda el cumplimiento de unas 100.000 hectáreas pendientes de siembra por la falta de piso por humedad y barro. Sin embargo, el frío intenso y el viento seco de principios de esta semana permitieron retomar las labores y completar la implantación. Así lo señaló la Guía Estratégica para el Agro (GEA) en su informe semanal.
El frío intenso permitió cerrar la siembra de trigo en la región
La implantación alcanzó las 1,6 millones de hectáreas previstas en la región núcleo. El clima permitió avanzar sobre 100.000 hectáreas que estaban en dudas. Bajó la urea pero subieron otros costos
El clima permitió cerrar la siembra de trigo en la región núcleo.
El servicio de estimaciones agrícolas de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) recordó que en el noreste bonaerense, las precipitaciones habían obligado a postergar la siembra de materiales de ciclo intermedio pero explicó que, una vez que los lotes se orearon, fue posible completar también los ciclos cortos. De esta manera, la región núcleo cierra su siembra con 1,6 millones de hectáreas, un 12% menos que el año pasado.
Frío oportuno
En los primeros días del mes, el ingreso de una intensa masa de aire polar provocó un marcado descenso de las temperaturas y heladas de amplia cobertura en la región núcleo. Las mínimas extremas se registraron durante el fin de semana pasado, con valores de entre -2 y -8 °C. El registro más bajo fue de -8,2 °C en Idiazábal, seguido por -5,6 °C en Junín y -5,3 °C en Rosario.
“El impacto de la bajas temperaturas sobre el trigo es, en términos generales, favorable. En el centro-sur de Santa Fe y el sudeste de Córdoba, la buena humedad de los perfiles y las bajas temperaturas favorecen un desarrollo inicial muy bueno”, explicaron desde GEA.
Los costos aprietan
Aunque el trigo atraviesa un muy buen comienzo y las condiciones climáticas permiten proyectar una campaña con alto potencial, los técnicos coinciden en que el aumento de los costos de producción continúa elevando los rindes de indiferencia. Si bien el precio de la urea retrocedió en las últimas semanas, otros componentes, como los alquileres, el combustible y los servicios, mantienen una fuerte presión sobre la rentabilidad.
En Piedritas señalan que la elevada competencia por los campos mantiene los valores en niveles históricamente altos. Mientras hace tres o cuatro campañas los mejores campos se alquilaban en torno a 14 ó 15 quintales de soja por hectárea, hoy los nuevos contratos se cierran en 16 ó 17 quintales, e incluso más. Los buenos resultados productivos de las últimas campañas sostienen una demanda muy firme y no permiten que esos valores cedan.
En María Susana, los alquileres aumentaron en torno al 10%, mientras que los costos de producción; en particular los servicios como siembra, fletes y cosecha; crecieron más del 30%, impulsados por el fuerte incremento del combustible. En Bigand y Carlos Pellegrini no se observan cambios significativos en los valores de los arrendamientos, pero los fertilizantes, la semilla continúan siendo los insumos que más pesan, señalan.








