Los productores agropecuarios siguen de cerca cada milímetro de lluvia y esta semana las precipitaciones registradas en el centro y norte de Santa Fe resultaron clave para la definición de la soja temprana. Así lo relevó el Sistema de Estimaciones Agrícolas (SEA) de la Bolsa de Comercio de Santa Fe, que destacó el impacto oportuno de los aportes hídricos en una etapa decisiva del cultivo.
Las lluvias llegan a tiempo y mejoran las perspectivas para la soja temprana en el centro y norte de Santa Fe
Precipitaciones oportunas en el centro y norte provincial impulsaron la definición de la soja temprana y consolidaron rindes en maíz, según el relevamiento del Sistema de Estimaciones Agrícolas de la Bolsa de Comercio de Santa Fe
Lluvia a tiempo. Lote con soja temprana, en etapa de R5 (comienzo de llenado de semilla en nudo), con muy buena estructura de plantas, en el centro del departamento Castellanos.
Las lluvias fueron más significativas en milímetros acumulados en el centro y sur del área de influencia del SEA, aunque no alteraron la normalidad ni el ritmo de las tareas agrícolas. Continuaron sin mayores inconvenientes las aplicaciones de fertilizantes, herbicidas e insecticidas, el picado y embolsado de maíz temprano, la siembra de algodón y maíz tardío, la cosecha de girasol y maíz temprano, así como los monitoreos habituales en los distintos cultivos.
En soja temprana se implantaron 1.070.000 hectáreas, un 3% más que en la campaña anterior, cuando se habían sembrado 1.037.000 hectáreas. La oleaginosa mostró buena germinación y emergencia, con un desarrollo vegetativo normal. Las precipitaciones llegaron en plena etapa de llenado de semilla y cambiaron el escenario productivo, generando renovadas expectativas, especialmente en las zonas de mayor superficie sembrada, destacaron desde la Bolsa santafesina.
En el caso de la soja de primera en el norte provincial, se relevaron 160.000 hectáreas, un 18% más que las 131.100 del ciclo previo. Los lotes en madurez fisiológica presentaron un estado bueno a excelente en el 90% del área, mientras que el 10% restante se ubicó entre bueno y regular. La cosecha avanzó a buen ritmo durante tres o cuatro jornadas, hasta que las lluvias interrumpieron las tareas. Con mayor superficie recolectada, comenzaron a consolidarse los rindes, que oscilaron entre 20 y 24 quintales por hectárea como piso y entre 28 y 30 qq/ha como techo, con lotes puntuales que alcanzaron entre 38 y 40 qq/ha.
En soja tardía se implantaron 595.000 hectáreas, prácticamente en línea con la campaña pasada. El cultivo mostró buena germinación y desarrollo vegetativo, aunque en sectores con suelos de menor aptitud se detectaron episodios de estrés hídrico y térmico que podrían revertirse con las recientes precipitaciones.
El maíz que se viene
En maíz temprano se lograron 95.000 hectáreas, lo que representa un incremento del 20% frente a las 61.500 implantadas el año pasado. Las condiciones ambientales favorecieron el desarrollo del cereal a lo largo del ciclo, con buena emergencia, adecuada densidad de plantas, vigor vegetativo y óptimos estadios de floración y fructificación. El 98% de los cultivares se encuentra en estado bueno, muy bueno o excelente, sin complicaciones relevantes, mientras que el 2% restante presenta condiciones entre buenas y regulares. La cosecha continuó con resultados de buenos a muy buenos, con rindes promedio mínimos de 50 a 54 qq/ha y máximos de 100 a 115 qq/ha, además de lotes puntuales que alcanzaron entre 125 y 128 qq/ha.
En paralelo, avanzó a menor ritmo el picado y embolsado para autoconsumo en las cuencas lecheras y establecimientos ganaderos con feedlot. Los resultados se ubicaron entre 12 y 16 metros de bolsa por hectárea, con máximos de 18 metros.
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El maíz tardío presenta una intención de siembra de 90.000 hectáreas en los departamentos relevados por el SEA, un 22% más que las 70.000 del ciclo anterior. El avance alcanza el 96%, con un progreso intersemanal de cuatro puntos porcentuales, condicionado por las condiciones ambientales del período analizado.
El algodón al norte de Santa Fe
El algodón, en cambio, mostró una retracción. La superficie implantada fue entre un 22% y un 24% inferior a la campaña pasada, que había cubierto 106.100 hectáreas. La reducción respondió a la combinación de eventos meteorológicos adversos durante la ventana de siembra y a la opción de cultivos más rentables. Además, las menores lluvias en las zonas algodoneras, sumadas a las altas temperaturas, comenzaron a evidenciar síntomas de déficit hídrico, especialmente en los lotes en floración.
La siembra de sorgo granífero finalizó con 120.000 hectáreas, un 10% menos que las 132.450 del ciclo anterior, caída atribuida a los magros resultados obtenidos tras el déficit hídrico que afectó al cereal en distintas etapas fenológicas.









